viernes, 6 de junio de 2008

ELLIOTT MURPHY - Night lights (1976)



Quizá Elliott Murphy sea un segundón. Su popularidad es relativamente poca, y pocas veces será mencionado en las listas de grandes compositores del siglo XX, junto a John Lennon o Lou Reed. Quizá su estilo sea poco personal, sea simplemente, un cantautor al uso. Sin embargo, hay algo. Este hombre tiene un magnetismo irresistible. Desde oír su cálida voz decir cualquier verso, hasta su resplandeciente presencia en el escenario, con su eterna sonrisa y su porte caballeresco.

Es por eso que su música genera una simpatía dificilmente igualable, una sensación que hace dificil admitir que una canción no te gusta aunque, efectivamente, no te guste. Pero Elliott Murphy no es sólo fachada. Además graba música, y ciertamente buena. Tiene muchos discos de los cuales no he escuchado todos, pero en los setenta este tipo estaba bastante inspirado (y aunque no sé como ha evolucionado su carrera, en estos últimos años está haciendo también cosas bastante buenas). "Night lights" es su tercer disco, y un perfeccionamiento de lo que venía haciendo con sus anteriores, "Aquashow" y "Lost generation". "Night lights" quiere decir cuarenta minutos de excelente canción de autor, con influencias de grandes como Bob Dylan o Lou Reed, así como maravillosos arreglos instrumentales y marcado sabor pop e incluso glam.

Es un disco hecho para gustar de primeras. Aunque este hombre tiene textos excelentes, no es necesario entender sus letras, pues su música se sustenta por si sola, el entendimiento de estos temas va por encima de lo que sus líricas pretendan decir. Basta enchufar cualquier tema y cerrar los ojos para imaginar exactamente lo que sugiere el título del disco: la gran ciudad, ambientes oscuros, marginales, pero no desde el punto de vista de la decadencia, la drogadicción y el puterío del que hablaría Lou Reed, sino desde el alegre vividor, aquel que sabe hacer suya la noche y luego narrarla para hacernos sentir parte de ella.

No hay nada como el IMPRESIONANTE himno "Diamonds by the yard" para comenzar el disco. Abrimos los ojos, despertamos en Nueva York al atardecer, y mientras el sol cae, las luces de la noche nacen. Y Elliott se presenta:

"As I lay down with my lady
The sounds of the night keep me warm
I'm living a city life - I'm living maybe
But tonight there's no reason to be strong"


El ritmo repetitivo sustenta un tema que crece en potencia continuamente, hasta llegar a la mágica estrofa que abre con uno de los más memorables versos que escribió Murphy:

"Somewhere in these night lights lies the answer
And you can get diamonds by the yard
A tiffany dream - A porcelain dancer
An old man playing blues guitar"


Este es el mundo que quiere mostrarnos. El mundo al que pertenece. El mundo que ama. Y es que "Diamonds by the yard" no es sino una canción de amor, amor a un estilo de vida, el estilo de vida de los despreocupados, de los que no piensan en el mañana, de los que saben apreciar los pequeños placeres de la vida: un vaso de whisky con una buena conversación, una actuación musical en un rincón oscuro de alguien por quien nadie más que tú daría dos duros, el permitirse fantasear durante dos minutos con la atractiva mujer virtualmente inaccesible que está apoyada en la barra.

"Midnight I surrender
I live beneath your ancient spell
You've been my lover since I can't remember
You save my life with the stories you tell"


Y Elliott nos toma de la mano y nos lleva a bailar. Estás en un lugar amplio, lleno de gentuza. Algunos son negros, otros son irlandeses. Otros no parecen de ningún lugar del que hayas oído hablar. Pero por gentuza que sea, estás seguro entre ellos. Estás ahí para hacer el "Decco dance". Y no importa quien seas, ni quien hayas sido. A nadie le importa que tu gloria haya terminado. Puedes unirte a la danza y ser uno más. Simplemente, dejarse llevar. Sentir el ritmo y ser feliz. Dejarte hechizar por ese violín maldito y dejar que las luces de la noche entren en ti para no salir.

Sí, eso es "Night lights". Dejarse llevar por el vicio sin tener en cuenta que dentro de cuatro horas tienes que ser un señor respetable. Revelarse contra la madurez mal entendida. Los temas se suceden como los pliegues de un abanico que no es otro que las sensaciones que uno puede encontrar en los bajos fondos, si sabe buscar. Todo lleno de romanticismo y de aparentemente indiscutible sinceridad, como la de quien comparte un secreto contigo, considerando que eres alguien digno de conocer un delicioso gusto minoritario.

El momento cumbre llega con la susurrante balada "You'll never know what you're in for", una de las mejores canciones de Elliott Murphy. Por un momento se nos descubre el lado oscuro de todo, pero no condenándolo, sino con resignación. Sí, seremos basura. Esto es lo que hay. Nunca sabrás lo que te espera. El estribillo es hermoso, sutil, y mismamente crudo, y la lamentosa armónica pincela con sabiduría pero sin precisión la grotesca pero armoniosa escena.

"And we are all junkies, pushers, pimps and pushers
You never know what you're in for
And you can shake it, try to forsake it
But you know you’re gonna take it
You never know what you're in for"


Ahí está, con sus luces y sumbras. Quien quiera puede rehuírla. Pero ocasionalmente, siempre hay alguien que cae preso de ella. Y podrá conocer a la singular "Lady Stiletto" ("Her T-shirt's ripped with a passion, her mind's been raped by Rolling Stones"). O buscar un héroe cualquiera con el que huir de este mundo que se desmorona. Compadecerte de aquellas chicas a las que les sobra el dinero pero que ni saben bailar, ni son conscientes de su carencia. Descubrir que cualquier día es bueno para sentir que vuelven los buenos tiempos.

"Night lights" es un disco para soñar e idealizar. Saber que algunos tiempos y algunos lugares realmente no fueron tan buenos, y que ello no te impida imaginar por unos instantes la vida del más despreciable animal urbano y quererla como tuya.