sábado, 11 de octubre de 2008

PINK FLOYD - Atom heart mother (1970)



"Atom heart mother" pertenece a la etapa más oscura de la discografía de Pink Floyd. Esa étapa tras su prometedor inicio psicodélico y anterior a su gran éxito comercial que llegaría de la mano de "The dark side of the Moon". Es por eso que fuera de la gente ya metida en la banda no es un disco demasiado conocido. Influye además el odio que los componentes de la banda parecen tener por la pieza principal del disco, que ha hecho que no sea nunca rescatada para el directo en giras posteriores.

"Atom heart mother" ya fue un disco que consagraba el estilo que más tarde seguirían haciendo Pink Floyd, siendo un nexo entre la experimentalidad de su anterior obra ("Ummagumma") y el sinfónico y relajado "Meddle" que vendría un año después. Los ritmos típicos de Nick Mason, esas voces armoniosas, las raíces blues principalmente gracias a la guitarra de Gilmour y los órganos de Wright sonando más rockeros que nunca antes habían sonado... podría decirse que "Meddle" es un disco que intenta refinar y perfeccionar lo mostrado aquí, pero por su contra, pierde parte del factor experimental y bizarro que aún es latente en este LP.

La cara A del disco está ocupada por "Atom heart mother suite" con sus más de 23 minutos. El tema es un collage de partes bastante distintas, que en un momento dado, la banda decidió que tenía que orquestar. Para ello contaron con Ron Geesin, que se encargó de la orquestación y, en parte, de la composición que acabó de moldear la obra como un todo. Está dividida en distintas partes. La primera, "Father's shout", podría ser vista como el tema principal y sus motivos van apareciendo de vez en cuando por el tema. Es un segmento de unos tres minutos, con un riff cargado de fuerza interpretado por los instrumentos de viento, y con Mason marcando el ritmo de manera impecable. Luego llega "Breast milky", una completa maravilla, más relajada, donde escuchamos un solo de violonchelo absolutamente precioso, con un mágico acompañamiento de teclados y la guitarra de Gilmour, que tarda más en entrar, y suena extraída desde el mismo corazón del blues. "Mother fore", que va desde el mínuto 5 al 10 mantiene el nivel bien alto. Es una parte más atmosférica, donde el peso principal lo lleva un coro que figura acreditado como John Aldiss Choir. Sencillamente sobrecogedora. Del mínuto 10 al 15 encontramos una potente jam bluesera llamada Funky dung, con el órgano y la guitarra en su mejor momento, al estilo de la que encontraremos en la pieza magna de su siguiente disco (y quizá del grupo), "Echoes". "Mind your throats, please" ocupa más o menos del 15 al 19, y es la parte más experimental, donde podemos encontrar unas partes vocales muy originales que en parte me recuerdan a las que usarían los franceses Magma en su "Mekanik Destruktiw Kommandoh". "Remergence", que es la última parte, juega con distintos segmentos ya aparecidos, conduciendo el tema hasta un final apoteósico. Sublime. Espectacular. Divino. Una de las mejores obras del rock progresivo en toda su historia.

La cara B, muy infravalorada, tiene en mi opinión también mucho que decir. Consiste de tres temas, uno compuesto y cantado por cada miembro menos Mason, y un instrumnental obra de la banda que cierra el disco. "If" es una preciosa balada de Waters, basada en guitarra acústica y con la eléctrica de Gilmour y el piano adornando de manera muy delicada. "Summer '68" es mi favorita de este segmento. Es un tema compuesto por el recientemente difunto teclista Richard Wright, una canción pop que se fundamente en el piano y los vientos (impresionante lo que entra tras el segundo estribillo). Una joya, y quizá mi canción favorita aportada por Wright al grupo (que aportaba pocas, pero siempre eran excelentes). Gilmour por su parte termina de definir su estilo personal lánguido y relajado con la balada "Fat old Sun", al servicio de su hermosa voz y su aún mejor guitarra. De este trío es la canción que menos me gusta, pero el final nunca deja de ser sobresaliente, especialmente por el ataque eléctrico que aparece al final del tema. Al que le guste este tema, le remito al reciente disco en solitario de David Gilmour "On an island" (2006), muy bueno en mi opinión. La que resta es "Alan's psychedelic breakfast", una bizarría instrumental, que en mi opinión, en lo menos interesante del disco, aunque se hace muy agradable de escuchar. Además, parecerá extraño, pero me encantan esos sonidos de gotas cayendo, cerillas encendiéndose y demás pormenores. Tengo entendido que cuando interpretaban esta canción en directo realmente reproducián estos ruídos, llegando a freír huevos sobre el escenario. Sus tres partes, la primera guiada por Wright con su piano, la segunda por Gilmour con guitarra acústica, y la tercera por el teclado de nuevo son realmente buenas, especialmente la última, que tiene toda la solemnidad y épica de Pink Floyd en sus mejores momentos, y hacen que estos trece minutos no se hagan aburridos, pero se echa en falta la soberbia genialidad del resto de temas.

En resumen, "Atom heart mother" es un disco genial, incluso dentro de la discografía del mejor grupo de la historia, que podría mejorar únicamente mejorando su último tema, pero tampoco hay demasiado que objetar. Imprescindible.





sábado, 30 de agosto de 2008

THE ALLMAN BROTHERS BAND - Brothers and Sisters (1973)


Perder al líder de un grupo siempre es muy duro, pero más aún si sucede cuando comienzas a catapultar tu carrera. Eso fue lo que les sucedió a los Allman Brothers cuando el guitarrista Duane Allman murió en 1971 en un accidente de moto a la temprana edad de 24 años. Su mitiquísimo directo “At Fillmore East” había sido un éxito de ventas absoluto que había convertido a los Allman Brothers en la banda de rock sureño más grande del momento, pero sin Duane su futuro se encontraba en grave peligro.
Tras acabar de completar el álbum en estudio “Eat a Peach” (el último que contaba con la participación del desaparecido guitarrista) los Allman Brothers se enfrentaron a la tarea de dar forma a su primer disco grabado enteramente sin la presencia de su antiguo compañero. Y salieron airosos del trance creando una auténtica joya llamada “Brothers and Sisters”.

Greg Allman al órgano y, especialmente, Dickey Betts a la guitarra serían los encargados de encauzar a la banda en esta nueva etapa ejerciendo las tareas de composición. Musicalmente, todo el grupo brilla en cada tema del disco y pese a que el magistral trabajo de guitarra de Betts sobresale por encima del resto en más de una ocasión, es justo decir que esta obra es fruto de un trabajo conjunto.
“Brothers and Sisters” es un disco que transmite buen rollo desde esa entrañable portada (que se complementa con una foto desplegable interior en la que se ve a toda la banda junto a esposas, hijos, amigos, perros, etc. posando como si fueran una gran comunidad semihippiosa viviendo en feliz armonía... no importa si eso era cierto o no, va muy acorde con el tipo de música) y que en su contenido se traduce en un agradable sonido sureño con algunos tintes de blues o country en ciertos temas. No sabría explicarlo racionalmente, pero es uno de esos discos con un encanto especial que pone de buen humor al escucharlo. Así mismo, es una obra perfecta para introducirse en el género puesto que siguen sonando a rock sureño pero con unas melodías y temas irresistibles y bastante accesibles, siguen siendo los Allman Brothers pero sin ese sonido de blues-rock tan puro que habían mostrado en su debut o esas largas improvisaciones que había en su famoso directo.

Centrándonos en canciones en concreto, Greg hace tres aportaciones: la inicial “Wasted Words”, “Come and Go Blues” y “Jelly Jelly”. Las dos primeras se basan sobre todo en el juego entre guitarra y teclados (que será en gran parte el sonido que definirá el disco) mientras que “Jelly Jelly” es un intenso blues interpretado con mucho feeling.
Betts nos regala temas como el memorable “Southbound” (que sigue el estilo de los temas de Greg Allman pero con un toque más bluesero y que cuenta con algunos de los mejores segmentos instrumentales del disco) y “Pony Boy”, con un sonido más acústico y country pero dentro de la esencia del disco. Pero lo que destaca sobre todo es “Ramblin’ Man” y “Jessica”, los temas más famosos del disco y en mi opinión muy justamente. “Ramblin’ Man” es el single perfecto de los Allman Brothers, y de hecho fue el tema de más éxito de su carrera. Es una canción que tiene la cualidad de representar el sonido sureño de la banda sonando al mismo tiempo accesible con ese magistral estribillo tan pegadizo y siguiendo un poco las pautas de una canción de rock tradicional dejando la parte instrumental para el final. Por otro lado, “Jessica” es un magistral tema instrumental, mi favorito del grupo. Aquí la banda da rienda suelta a su capacidad de hacer largas jams tomando como base una melodía preciosa sobre la cual van improvisando libremente. Y si alguien dudaba sobre si seguirían en forma en ese sentido sin Duane, no tiene más que darle una escucha a este tema donde suenan todos perfectamente conjuntados y demostrando que en este terreno prácticamente no tenían rival. El momento más maravilloso y especial del disco.

“Brothers and Sisters” acabó siendo su álbum de mayor éxito y la demostración de que podían seguir adelante afrontando la muerte de Duane (a la que se le unió, en mitad de la grabación, la del bajista Berry Oakley). Era la demostración de que pese a que Duane era un músico extraordinario, el resto de la banda eran suficientemente competentes como para poder seguir adelante. Y si además lo demostraron con un disco tan entrañable y de tanta calidad como éste, no cabía duda de que seguían siendo una de las mejores bandas americanas del momento.


lunes, 11 de agosto de 2008

JEFF BECK - Truth (1968)


Hoy toca hablar de uno de los discos más importantes e influyentes de la historia del rock. Y es que, aunque no sea tan conocido como los debuts de Led Zeppelin o Black Sabbath, “Truth” fue una de las obras más decisivas en la creación de lo que sería el germen del heavy metal. Antes que los dos grupos mencionados anteriormente, Jeff Beck ya había comenzado a endurecer su estilo de blues-rock acercándolo cada vez más a lo que se denominaría hard rock. Cabe decir que tanto Zeppelin como Sabbath llevarían eso al extremo, al hard-rock puramente dicho, mientras que Jeff Beck todavía no se atrevía a apartarse demasiado del blues-rock, pero el primer indicio se encuentra aquí.

La carrera de Jeff Beck en solitario comenzó cuando éste decidió abandonar a los Yardbirds. Tras un par de singles, decidió formar The Jeff Beck Group reclutando a unos cuantos músicos desconocidos de formación blues: Micky Waller a la batería, Rod Stewart como cantante y Ron Wood al bajo. No sé que fue de ellos después de romper con Beck. En todo caso la gran estrella del grupo junto a Beck es Rod Stewart, quien ejerce soberbiamente el papel de bluesman cantando con una fuerza e intensidad que pocas veces igualaría a lo largo de su carrera (tal es así que en el segundo disco con esta formación Beck le hace la pelota acreditándole como “Extraordinaire Rod Stewart”).

Sin embargo, el Jeff Beck Group tenían un talón de Aquiles que les repercutiría muy negativamente: una ausencia casi total de composiciones propias. Ello se debía en gran parte a la falta de tiempo para sentarse en un estudio a componer, ya que se pasaban la vida en la carretera dando conciertos y el disco que nos ocupa lo grabaron en tan sólo 2 días. Los únicos temas propios (compuestos por Rod Stewart y Jeff Beck) son la potentísima “Let Me Love You”, que muestra a la perfección ese estilo de blues-rock endurecido dominado por la bestial guitarra de Beck y que incluye un “diálogo” entre Rod y guitarra que luego sería tomado por otros coetáneos como Deep Purple o Led Zeppelin para sus directos; la bluesera “Rock My Plimsoul” y la extensa y atmosférica “Blues De Luxe”, donde el protagonismo recae en un pletórico Rod Stewart y en Nicky Hopkins al piano (que también aparece como invitado en bastantes temas del disco).

Pasando al resto, el disco se abre con un tema de los Yardbirds, “Shapes Of Things” que tocan con un sonido más duro y guitarrero y que a mí personalmente me gusta más que el original. Mi favorita del disco es la oscura “Morning Dew” que cuando llega a su apoteósico clímax me pone los pelos de punta con la guitarra de Beck luciéndose con el wah-wah y Stewart cantando con muchísima energía y entrega.
Pasamos al blues “You Shook Me” del cual su versión más famosa es la que harían Led Zeppelin en su debut unos meses más tarde. Aunque me quedo con la de los Zeppelin, esta versión no se queda corta y tiene el añadido del exquisito piano de Hopkins. Su interpretación del “Ol’ Man River” también es muy remarcable, basándose sobre todo en la atmósfera y cediendo el protagonismo a la voz de Stewart y a Keith Moon como invitado estrella a la percusión. Y es que aunque recurren a muchas versiones cabe reconocerles el mérito de no quedarse en opciones obvias o estancarse en estándares del blues, y como ejemplo de ello tenemos el breve paréntesis que supone el tradicional “Greensleves”, tocado a la guitarra acústica de forma preciosa.

Y para acabar, dos de los momentos más grandes y míticos del disco. El primero es la soberbia “Beck’s Bolero”, inspirada en el Bolero de Ravel y compuesta por Jimmy Page. El tema se grabó en una sesión que tuvo lugar poco después de que Beck dejara los Yardbirds en la que participaron Jimmy Page, John Paul Jones, Nicky Hopkins y Keith Moon. Se basa en un ritmo marcado llevado por las guitarras acompañadas del piano y la batería que repentinamente acaba desembocando en un alarido de Keith Moon tras el cual se convierte en un intenso tema de heavy metal con la batería desbocada (ya conocen al bueno de Keith) y las guitarras de Page y Beck batiéndose en duelo. Descomunal.
El segundo es “I Ain’t Superstitious”, un blues de Howlin Wolf con un riff de guitarra inolvidable y una interpretación de Beck que le permite lucirse por completo. Quizás es el tema del disco con más madera de single.

Y éste es “Truth”, uno de los mejores discos de blues-rock de finales de los 60. Es cierto que la mayoría de temas son versiones pero hay que decir en su favor que las llevan todas a su terreno y las adaptan con mucha libertad, con lo cual no es un simple corta-y-pega sino que es un disco con mucha personalidad donde los cuatro músicos tienen el protagonismo absoluto.
Tras este disco, esta formación del Jeff Beck Group grabarían otro discazo llamado “Beck-Ola” que sigue más o menos las misma directrices que éste. Después del “Beck-Ola” la banda se disolvió (no se llevaban demasiado bien entre ellos), Rod y Ron formaron The Faces y Beck tuvo un accidente automovilístico que le tuvo fuera de escena un buen tiempo. Cuando volvió al mundo del rock fue siguiendo otro camino. Esta obra maestra y “Beck-Ola” son lo único que tenemos de lo que podía haber sido una superbanda potentísima que podía haber dado aún más de sí. Una lástima.

viernes, 8 de agosto de 2008

CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL - Green river (1969)



Creedence Clearwater Revival es algo que escapa a todo entendimiento. Ni su estilo era original, ni rompedor. Ni sus músicos era virtuosos, incluso a veces llegaban a ser toscos. Ni sus melodías eran demasiado originales. Siendo así objetivos, fríos, la verdad es que este grupo no tiene nada. Rock and roll con raíces americanas, así de lo más tipicón. Pero entonces, ¿a qué debe su éxito?¿Por qué es uno de los grupos de rock más queridos a lo largo de distintas generaciones?¿Cómo han conseguido que tantas canciones suyas, concretamente, y no de otros tantos grupos se hayan convertido en clásicos míticos del siglo XX?

Está claro que estas canciones tienen algo, y que cualquier que realmente ame el rock no puede permanecer impasible ante un disco así. La banda sigue perfeccionando el estilo ya mostrado en sus dos primeros discos: rock muy melódico, con fuertes raíces en el folk américano, sonido muy blues, bigotes, camisas de pana y vaqueros raídos. Con esta descripción, uno se ahorraría decir cualquier cosa más sobre el disco, pero como he de dar ejemplo a mis vagos e irresponsables subordinados, me explayaré un poco más.

Si te iniciaste en este grupo con un recopilatorio (como el fantástico "Chronicle"), te toparás luego con que los discos de estudio son bastante cortos y que del recopilatorio seguramente conocerás la mitad de casi cada disco. Sin ir más lejos, yo conocía ya cuatro canciones de éste (y tiene nueve). Estos clásicos son: la inicial "Green river", un tema de rock and roll muy clásico y con un riff muy característico; "Conmotion", que lleva una onda más de blues antiguo, pero acelerado y con sonido rock, y siempre fue de mis favoritos del grupo; "Bad moon rising", posiblemente el tema más famoso del disco, que es la canción más pop y radiable del LP, y posiblemente de la banda; y la preciosa balada "Lodi", con buenísimos licks de blues. Al contrario que en otro discos, como "Bayou Country", donde veo que los temas más míticos destacan por encima del resto, aquí el disco está bastante más equilibrado, y en general es mejor disco.

Hay dos temas de blues rock oscuro y amenazante, como "Tombstone shadow", con un fraseo muy típico del blues, y el más pesado "Sinister purpose", un tema muy bueno e infravalorado. También tenemos otro blues, esta vez más alegre y ligero, llamado "Cross-tie walker", y para el final dejo las dos mejores de estos temas más "ocultos": "Wrote a song for everyone" es una balada lenta que está entre los mejores temas de este tipo de CCR, al menos no me parece peor que "Lodi" (que no es poco), y tiene un estribillo especialmente emocionante. Y el disco termina con una versión del clásico "The night time is the right time" de Ray Charles, no radicalmente distitno al tema original, pero sí con el poderío rockero de Fogerty y los suyos añadido.

"Green river" es un disco tan sencillo y carente de artificio y espectacularidad, que de básico, adquiere la cualidad de que cualquier oyente de rock puede conectar con él, y por eso mismo, es imprescindible en una buena colección.

Ah, y que sean bienvenidos los 60 a The Golden Age of Rock and Roll


domingo, 3 de agosto de 2008

FREEDOM'S CHILDREN - Galactic vibes (1971)



Durante buena parte del siglo XX, Sudáfrica fue un país elevado a la categoría de paria en la política internacional, debido a su política de segregación racial. Vale, que aquello estaba mal, pero no era razón para satanizar a todos y cada uno de los sudafricanos blancos. Pero no pensaba así buena parte de la sociedad británica de principios de los setenta, por lo visto. Así pues, cuando esta banda emigró desde el sur del continente africano al Reino Unido, se encontró gran rechazo a su paso, y los únicos conciertos que podián dar eran prácticamente clandestinos. Sumémosle a ello que Freedom's Children no eran precisamente lo que la conservadora sociedad sudafricana de la época buscaba, siendo incluso vetados de las radios. El resultado es que este grupo se vio en tierra de nadie, sin poder llegar a buen puerto.

"Galactic vibes" es el tercer disco de Freedom's Children, y bien podría haber elegido para esta revisión cualquiera de sus otros dos discos, "Battle hymn of the broken hearted horde" (1968) o "Astra" (1970), pero me decidí al final por este por una simple razón: es el único de los tres que he escuchado.

Mayormente, este disco es una importante dosis de rock psicodélico garajero y muy bruto, con distorsión a saco. Poderoso rock duro bluesero pasado por un filtro abrasaoídos. En algunos temas, es la fórmula menos original del mundo, pero en mi opinión, talento les sobra, y se materializa esto en unos temas muy buenos. Siete canciones, todas ellas originales del grupo, seis temas nuevos y uno de ellos una versión en directo de un tema de "Astra".

La tónica general del disco es la ya mencionada, de hard rock ácido, como muestra el primer tema "Sea horse". Esto incluye al tema en directo, "The homecoming". Aquí es donde yo pongo una pega, puesto que la canción es muy buena, pero incluye un larguísimo solo de batería, que vale, es bueno, pero tampoco es una cosa alucinante, y el hecho de que la claven en el segundo lugar del disco me parece cuanto menos, desafortunado. Se nota claramente que es un intento por rellenar minutaje. Tampoco es que me queje amárgamente, pero es algo que resta fluidez al disco.

Por otra parte, tenemos dos canciones en una onda más light, dando más importancia a los teclados, que suena incluso sinfónico. El primero de ellos, "Fields and me", es un tema bucólico, con una onda muy folk, muy sesentero. El otro es el que cierra el disco, "About the dove and his king" es más oscura, e incluye toques orientales, al estilo de algunos temas de Aphrodite's Child.

A mitad de camino entre ambas está la mejor canción del disco "1999", un tema pop, que incluso suena a crooner, pero interpretado con mucha distorsión y ácido a espuertas, cantado a medio camino entre lo convincente y lo paródico. Una pequeña joya oculta del rock psicodélico.

No digo que "Galactic vibes" sea una obra maestra, pero es un ejercicio de género de lo más interesante, y que yo personalmente, escucho con muchísimo agrado cuando me apetece revisitar la mejor época del rock.

sábado, 12 de julio de 2008

CANNED HEAT - Future Blues (1970)



Canned Heat es una banda americana que tuvo su origen en dos auténticos entusiastas del blues como eran Bob Hite (apodado “El Oso”, adivinen por qué) y Alan Wilson, que decidieron pasar de coleccionar álbums de blues a interpretar ellos también esa música. A finales de los 60 consiguieron dar forma a ese proyecto creando un grupo de rock de marcadas influencias blues que destacaba sobre todo por sus potentes directos que incluían extensísimas jams. Su momento de auge vendría con los festivales de Monterey y Woodstock, donde sus actuaciones les harían por fin famosos.

Aunque su hábitat natural era el escenario, Canned Heat también crearon grandes discos de estudio como el fabuloso “Boogie With Canned Heat” o éste que nos ocupa. Su estilo era un boogie austero, donde las referencias a sus raíces blueseras estaban siempre presentes y predominaban solos de guitarra más bien rudos (aunque no por ello descuidados) que en directo se alargaban hasta desembocar en auténticas jams de blues.
Hablar de una formación clásica en el caso de este grupo es algo peliagudo, puesto que fue una banda muy inestable en ese sentido (hoy en día el único miembro de esta época que queda es el entrañable batería Fito de la Parra), pero lo más parecido que tuvieron a eso se encuentra en este disco: Bob Hite como cantante, Alan Wilson como cantante y guitarrista, Harvey Mandel a la guitarra, Larry Taylor al bajo y el ya mentado Fito a la batería. Con esta agrupación consiguieron el éxito y crearon sus temas más legendarios, pero no duraría mucho ya que éste sería el último disco que grabaron con esta formación (Taylor y Mandel se irían con la banda de John Mayall y Alan Wilson fallecería poco después).

“Future Blues” es un disco que sigue el mismo estilo de boogie que sus obras anteriores pero con el pequeño matiz de que en algunos temas se atrevieron con un sonido algo más duro de lo normal acercándoles levemente al hard-rock de la época.
En mi opinión una de las mayores cualidades que encontraremos aquí es que es un disco en que podemos disfrutar del estilo de Canned Heat con ciertos matices diferentes entre temas. No es que sea un disco heterogéneo, pero en “Future Blues” consiguen mostrarnos diferentes enfoques que podían darle a su sonido particular sin salirse nunca de sus pautas personales ni por supuesto de sus intocables influencias blueseras.
Así pues, el tema que abre, “Sugar Bee”, muestra a los Canned Heat orientados hacia el blues-rock tradicional ayudados por unos magníficos solos de armónica. A éste le sigue “Shake It And Break It”, con un sonido más suavizado (que recuerda en estilo a su mítico tema “Goin’ Up The Country”) que retomarán aunque con un tono algo más rockero en el tema homónimo del disco . La versión que hacen a continuación de “That’s All Right Mama” resulta irreconocible si nos basamos en la famosa interpretada por Elvis, ya que ellos optan por desarrollarla de forma más lenta y pesada.
El siguiente tema es uno de mis favoritos, “My Time Ain’t Long” (desafortunado título teniendo en cuenta que su compositor, Alan Wilson, no tardaría en morir) donde las guitarras hacen maravillas. La primera parte del tema recrean un sonido hipnótico y continuo, al cual le sigue al final un inesperado y desbocado solo de guitarra. Siguiendo con la premisa de mostrar todos los matices a los que puede llegar el sonido Canned Heat, en el divertido tema “Scat” hacen un homenaje al jazz con la inclusión de instrumentos de viento a lo “big band”, una mayor presencia del piano, pequeños solos de bajo y batería y, por supuesto, el uso de la técnica vocal mencionada en el título para cantar. Cojonudo.

Pasamos entonces a los mejores temas del disco, empezando por el clásico “Let’s Work Together”, seguramente el tema más mítico de la banda junto “On The Road Again”. Aquí es donde se notan más que nunca los matices hard-rockeros con ese sonido tan endurecido de guitarras. El gran punto fuerte del tema es la melodía vocal absolutamente pegadiza que lo convertía en un hit potencial.
“London Blues” tiene un inicio enigmático que da paso al momento más puramente bluesero de todo el disco. Un blues irresistible y con mucha clase en gran parte gracias a los teclados (tocados por Dr John). Todo un homenaje a los clásicos del género hacia los que tanta devoción sentían.
Y por último, si hemos repasado todas las facetas constituyentes del sonido Canned Heat, el avispado fan habrá notado que falta una muy importante que define al grupo. Nos falta un boogie de esos lleno de improvisaciones y solos de guitarra. El fabuloso “So Sad” es el tema que llena este hueco: un tema extenso donde toda la banda se luce por completo poniendo a prueba su potencial con extensos interludios instrumentales que a algunos se le harán interminables pero que a los fans nos parecen maravillosas. Además al durar sólo 8 minutos (en directo podían estarse así un cuarto de hora fácilmente) sirve como ejemplo resumido de lo que eran sus jams.

Tras este repaso creo que lo único que me queda por decir para acabar la reseña es citar a Bob Hite y decir “And don’t forget to boogie!!”.


miércoles, 2 de julio de 2008

RASPBERRIES - Raspberries (1972)



Cuando se empieza así no hay nada que decir. "Raspberries" empieza con un riff chulísimo, de puro rock and roll del tipo de los Rolling Stones. Y cuando empiezan a cambiar, la cosa cambia. Las melodías son empalagosas, en la tradición de los sesenta, pero la vigorosa y potente base ahí se mantiene y hace de "Go all the way" un pequeño clásico olvidado de los años setenta, que parecen revivir cada vez que alguien hace sonar este tema.

Raspberries sacaron cuatro discos entre 1972 y 1974, de los cuales por ahora sólo he escuchado este, su debut, y no me cuesta demasiado decir que me gustan todos. Parece ser de esos grupos que uno no tiene prisa por escuchar porque sabe que no van a decepcionarle con un 0,1 % de error, y estos refugios, por más que puedan ser abundantes en el rock clásico, no deja de ser una gran alegría encontrar uno de ellos.

"Come around and see me"
y "I saw the light" siguen con esas melodías tan especiales, que beben tan directamente de los Beatles, de los Hollies, de los tiempos en los que el término pop no era entendido por mucha gente como música facilona de usar y tirar, en un formato más acústico, incluso folk por momentos. Con "Rock & roll Mama", como indica su nombre, se acercan a un estilo más rockero. Pese a que podría decirse que suenan, simplemente, a su tiempo, no logran que me saque de la cabeza a Jagger, Richards y compañía. Es un excelente tema alegre, no demasiado cañero, comedido, que sin grandes alardes te hace mover el pie y las caderas sin que llegues a dar cuenta.

Siguen los contrastes en este disco con "Waiting", una balada de piano que quizá empalaga un poco por los arreglos de cuerda, que pese a todo no están añadidos con mal gusto. "Don't want to say goodbye" es otra balada que viene a continuación, y tiene un acompañamiento similar basado en cuerdas, aunque está interpretada por toda la banda y el estilo recuerda a Elton John.

Bastante más afortunados son los arreglos orquestales, para los cuales el productor se inspiró en Phil Spector, para el tema "With you in my life", que sigue, aún siendo la banda estadounidense, la mejor tradición del brit-pop sesentero de los Kinks. "Get in moving" es el otro tema claramente rockero del disco, de corte similar a "Rock & roll Mama". Aunque se agradece la variedad del disco, creo ciertamente que es en temas así donde encontramos lo mejor de los Raspberries, al menos en su debut. Las hermosas melodías resaltan más acompañadas de potentes guitarras que tratando de sostener el tema ellas solas y los solos de guitarra son bastante buenos, y en temas así es donde mejor lucen.

El disco termina con un tema largo y épico, "I can't remember" que dura unos ocho minutos. Un tema que sigue los clásicos patrones de empezar como una balada e ir adiquiriendo mayor potencia, que pese a todo es bastante efectivo. No acaba de parecerme la pieza definitiva del disco, pues me posiciono más junto a otros temás más directos, pero no deja de ser una gran canción.

En general "Raspberries" puede no ser un disco impresincible, pero sí altamente aconsejable para los enamorados de la música de los setenta, etiqueta que supuestamente engloba a la gente que espero que lea este blog. Me gustaría dar un par de curiosidades para terminar: la primera es que supuestamente, es la primera banda para la cual la prensa utilizó la etiqueta power-pop. La otra es que uno de sus componentes, Eric Carmen, tuvo un importante single en solitario llamado "All by myself", que más tarde popularizó Celine Dion. Sí, es como lo que pasó con "Without you" de Badfinger y la versión de Mariah Carey. Si es que el power-pop está maldito.