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viernes, 23 de mayo de 2008

MOTT THE HOOPLE - Live (1974)



Ladies and gentlemen...

Estaba cantado que en algún momento tocaría hablar de este disco, estaba claro desde el momento en que se creó el blog. Mott The Hoople era un grupo que no me llamaba demasiado la atención. Tenía el disco "All the young dudes" y la verdad es que estaba muy bien, pero no me mataba. Vale, estaba la propia "All the young dudes", que es un clásico inmortal, pero no sé, le faltaba algo. Eso me llevó a desinteresarme por el grupo durante mucho tiempo... hasta que decidí hacerme con este disco.

El principal problema es que aquel disco de estudio con el que me hice me sonaba algo apagado, falto de energía. Pues bien, este disco pone remedio automáticamente a ello: este directo es potente rock en estado puro. Sin olvidar que Mott The Hoople fueron ante todo un grupo de glam rock: ahí están las melodías poppies, los coros armoniosos y las esperpénticas pintas. Como no conozco más discos de esta gente que los dos que he mencionado, no podría decir si la selección de temas me parece ideal... pero en general diré que todos los temas me parecen como mínimo muy buenos, por lo que el ritmo no decae en ningún momento.

Comienza de manera extraña y al mismo tiempo, con uno de mis comienzos de disco favoritos. Tras la intro con el tema "Jupiter" de "Los planetas" de Holst, empieza a escucharse un piano. Entonces, sobre él, el carismático cantante Ian Hunter empieza a cantar:

A long, long time ago...
I can still remember
How that music used to make me smile.
And I knew if I had my chance
That I could make those people dance
And, maybe, they’d be happy for a while.

But february made me shiver
With every paper I’d deliver.
Bad news on the doorstep;
I couldn’t take one more step.

I can’t remember if I cried
When I read about his widowed bride,
But something touched me deep inside
The day the music died.


Esto, para quien no lo reconozca, es la primera estrofa de "American pie", el gran éxito de Don McLean. No olvidemos que estamos en 1974, y la canción es un single de éxito de hace tres años, no el gran clásico que es hoy día, lo que hace de la situación algo aún más extraño. Tras terminar el primer verso, cambia totalmente el ritmo de piano y Ian vocifera: "...the day the music die... OR DIDN'T? Ladies and gentlemen... THE GOLDEN AGE OF ROCK AND ROLL!!!!!". Y la banda completa entra en acción, y la música estalla sin compasión en un rock and roll formidable, en una canción que debería ser considerada entre los más grandes himnos de aquella generación. Simplemente, rock and roll. Directo a la yugular.

Sin dar respiro, la banda continua con el refinado hard rock "Sucker", en una versión que me gusta bastante más que la aparecida en el disco "All the young dudes", seguida por el clásico "Roll away the stone", un tema enérgico con una melodía muy emotiva, que por si fuera poco, empalma al final con un fragmento de "Sweet Jane" de The Velvet Underground. Uno de los mejores momentos del disco, sin duda. Viene entonces la balada "Rest in peace", que sirve a la perfección para que Ian Hunter nos demuestre la extraordinaria calidez de su timbre vocal, arropado por una elegante base instrumental. Los sonidos de teclados en el breve segmento intrumental cerca del final, mágicos. "All the way from Memphis" es otro de los grandes clásicos de Mott The Hoople, y es un tema que da a entender que esta banda pudo influír a Queen en alguna manera (no es de extrañar que fuera por aquellos tiempos el grupo favorito de Freddie Mercury, y que los propios Queen estaban teloneándoles de gira por América). Es un tema duro, con mucha importancia para el piano, que alterna estrofas de gran tensión con estribillos más festivos y pegadizos. "Born late '58" es un tema más crudo, más clásico, con un riff potentísimo, compensación necesaria a los anteriores temas, más recargados.

"One of the boys"
tiene la particularidad de que su riff principal sería reutilizado por el guitarrista Mick Ralphs, que dejaría el grupo para formar Bad Company, para formar el gran clásico del rock "Can't get enough". Una vez uno supera la sorpresa de encontrarse tan mítico riff ahí, se da cuenta de que "One of the boys" es muy buen tema, sin la vocación clásica de su descendiente, pero muy meritorio por si solo. Viene después otra dramática balada "Hymn for the dudes". Personalmente es uno de los momentos del disco que menos me llaman la atención, a pesar de que esos teclados estén, como en todo momento, impecables, la interpretación vocal sea muy sentida y la canción sea, en definitiva, bastante buena. Por el contrario, "Marionette", es un tema bastante más sorprendente, algo enrevesado e incluso algo teatral, sin perder el sello rockero de la banda, que tiene aquí algunos de sus momentos más duros.

Encaramos ya la recta final del disco, empezando con el medley entre "Drivin' sister", "Crash Street Kids" y "Violence". Aunque es bastante largo, debo decir que no se hace cansino y fluye con mucha naturalidad de un tema a otro. Un medley muy bien hecho. Continúa con la canción más famosa de la banda, "All the young dudes", el mítico tema que David Bowie compuso y les cedió para ver si esa buena banda que no acababa de despuntar conseguía tener un hit. Y sí, efectivamente fue un éxito. "All the young dudes" es un temazo que no hubiera desentonado en "The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars", la más laureada y célebre obra de Bowie de aquellos tiempos. Tiene un bonito riff de guitarra melódico y nada típico, una buena estrofa algo dylaniana y lo más importante, un señor estribillo, hímnico y emotivo, capaz de convertir en un clásico a cualquier canción en la que lo coloquemos. El concierto termina con "Walking with a mountain", potente rock de estilo a lo Chuck Berry adaptado a la época y al sonido del grupo. Y con mucha distorsión. No es de mis canciones favoritas del disco, pero supongo que no queda mal como cierre. A fin de cuenta el riff (ahora sí, calcado de Chuck Berry) mola mucho y el simplísimo estribillo es muy efectivo.

Este disco en directo representa perfectamente una opción a la hora de dar cnciertos. Están los que llenan minutaje con improvisaciones y modificando los temas con respecto a sus versiones originales, y de la misma manera, tenemos discos como este, en los que simplemente encontramos un puñado de canciones interpretadas de manera normal, con esa fuerza y suciedad extra que involuntariamente dan los discos en directo. Y francamente, es maravilloso.

No existe este concierto en vídeo, cosa que sería ideal para colocar aquí abajo ahora. Aún así, no voy a resistirme, pues esta ocasión lo pide a gritos. Sin más dilación...

Ladies and gentlemen...



BONUS TRACK: La edición del 30º aniversario incluye además un CD con otro concierto completo, de la misma gira, que presenta algunas diferencias en la selección de temas y que es tan bueno que podría haber sido perfectamente lanzado en lugar de este.

viernes, 16 de mayo de 2008

T. REX - Tanx (1973)


En 1973, esa imparable máquina de ganar dinero que era T. Rex estaba en su momento de auge. T. Rex (o, lo que es lo mismo, Marc Bolan) se encontraban en plena inspiración sacando singles exitosos sin parar y con sus últimos álbums en lo más alto de las listas. Eran los grandes años del glam-rock, y Marc Bolan había conseguido ser una de las figuras más importantes y representativas del movimiento.

Su anterior disco, el mitiquísimo y soberbio “The Slider”, había sido otro exitazo y no se podía esperar menos de su siguiente obra, “Tanx”. Sin embargo, si algo le honró a Bolan es que no repitió la jugada ni se durmió en los laureles: sacó un par de singles imbatibles y de éxito seguro que le permitieron mantenerse en lo más alto para, a continuación, sacar un disco en el cual no se vislumbraba apenas un tema con madera de single seguro y en el que dio un paso adelante respecto su obra anterior. Lo que hizo Bolan fue buscar superarse a sí mismo artísticamente antes que comercialmente (algo que por entonces tampoco le hacía mucha falta).

“Tanx” no es un disco especialmente fácil si lo comparamos con los anteriores discos glam de T. Rex. Sigue estando su sonido glam tan particular, sigue habiendo algunos temas rockeros directos y pegadizos pero en general Bolan opta por una producción más recargada y exprimiendo al máximo los temas con todo tipo de arreglos pero al mismo tiempo sin alargarlos (la mayoría son bastante cortos y no duran mucho más de 2 minutos): Bolan va directo al grano, explota las melodías y cuando cree conveniente las cierra sin alargarlas más de lo necesario, la filosofía de decir todo lo que tenga que decir en el menor tiempo posible. Es ése otro de los motivos que hace de éste un disco menos accesible que “The Slider” mismamente, y es que lo forma en gran parte temas más bien cortos y llenos de detalles y arreglos siguiéndose uno tras otro sin darte tiempo a asimilarlos en las primeras escuchas. O al menos eso me pasó a mí y seguramente le pasó a los críticos que criticaron tanto el nuevo trabajo de Bolan (o eso o eran sordos).

El tema que abre el disco lo define a la perfección y es además uno de los mejores: “Tenement Lady”, un tema muy adornado de arreglos que repentinamente cambia por completo de melodía adquiriendo un tono oscuro y bello a la vez ayudado por el piano.
Los momentos más rockeros y fáciles del disco se encuentran en temas como “Rapids”, “Shock Rock” (grande ese estribillo y ese pequeño toque de piano), “Country Honey”, “Mad Donna” o “Born To Boogie”. Son los que nos recuerdan más al T. Rex de anteriores discos por estilo: riffs sencillos pero efectivos adornados con melodías pegadizas con toques festivos.
El resto del disco tira por caminos más cercanos al extraño tema inicial, y es aquí donde se encuentran los temas a mi gusto más interesantes. Por ejemplo, un agradable tema pop como “Mister Mister” consigue, con el tratamiento sonoro que se le da, tener además una atmósfera especial. A ésta le sigue uno de mis momentos favoritos sin dudarlo, la preciosa y melancólica “Broken Hearted Blues”, donde su interpretación vocal y la atmósfera que le envuelve (creada con los arreglos de violines y el saxofon en un segundo plano) consiguen convertirlo en un tema sumamente emotivo. “Electric Slim and the Factory Hen” es otro de los grandes momentos del disco, un tema que a mí me suena bastante moderno para su época y que cuenta con los mejores arreglos de violín del disco. Bolan sin duda vivía en otra dimensión por entonces.
En el tramo final nos encontramos con baladas como la acústica “Life Is Strange” (con un sonido más austero y sencillo), el atmosférico “Highway Knees” (cuyo final me encanta) y “Left Hand Luke and the Beggar Boys”, con tintes soul en esos preciosos coros, un final a lo grande.

El disco se acaba aquí y sólo por estos temas ya valdría la pena tenerlo, pero no puedo evitar comentar los extras que trae la edición en CD, porque son algunos de los más grandes singles de la carrera de este hombre. Canciones como “Jitterbug Love”, “Sunken Rage” o “Solid Gold Easy Action” (¡por Dios, que alguien me quite este estribillo de la cabeza!) nos devuelven ya al T. Rex más conocido, auténticos temazos rockeros que harían las delicias de cualquier fan del mejor glam-rock setentero. Pero lo mejor es que aún quedan los dos singles principales, dos de los temas más famosos de la carrera de T. Rex, dos auténtica joyas imprescindibles. El primero es esa maravilla llamada “Children of the Revolution” con unos violines y un estribillo memorables, de lo mejor de su catálogo. Y el que nos queda no es nada más y nada menos que “20th Century Boy”, que no es que sea uno de los mejores temas de T.Rex o de los 70, sino de la historia del rock. Un temazo con un riff y una melodía legendarios con un tono festivo y alegre contagioso que animaría hasta a un muerto. El glam-rock festivo llevado a su máxima expresión, sencillamente antológico.

Pese a ser menos recordado que otras obras suyas, “Tanx” es un grandísimo disco que nos demuestra que el talento de Marc Bolan daba para mucho, más allá de esos grandes temas de rock festivo a los que todos tendemos a asociarle.

sábado, 22 de diciembre de 2007

SPARKS - Kimono my house (1974)



Bien, hay dos cosas que hay que nombrar ineludiblemente cuando se habla de Sparks. La primera, que son un grupo muy pomposo que con toda seguridad influyó sobre Queen. La otra es el bigote a lo Hitler (¿por qué nadie lo llamaba bigote "a lo Chaplin", por ejemplo?) de su teclista y compositor Ron Mael. Estadounidenses, viajaron a Inglaterra debido al poco éxito que tuvieron en sus inicios para probar mejor suerte. Lo que empezó siendo como una banda totalmente construída, acabó reduciéndose a los hermanos Mael, el ya mencionado Ron, y Russell cantante guaperas al clásico estilo del glam rock.

La música de este disco se mueve principalmente dentro del pop rock, aunque no es para nada pop ordinario. Las melodías son extrañas y retorcidas, pero al mismo tiempo muy pegadizas. La voz de Russell es buenísima, aunque no apta para todo el mundo, pues no deja de utilizar un peculiar falsete bastante exagerado. Por último, el sonido general del disco es bastante agobiante, sin estar lleno de arreglos ni nada de eso, consigue una brutal sensación de acaramelamiento extremo que a algunos puede resultar cansino. A mi no.

El disco abre con el clásico de Sparks por excelencia, "This town ain't big enough for the both of us", y pese a ser el temás de mayor éxito del grupo, es uno de los más bizarros del disco, pues es donde la descripción dada anteriormente es llevada a niveles extremos. El tema se basa en una melodía vocal que se repite una y otra vez, y que con un par de escuchas llega a hacerse pegadiza, a pesar de ser extremadamente absurda y sin ningún ánimo de entrar en sutilezas. Sea como sea, la cosa va bien y el tema es maravilloso. Comparado con esa, "Amateur hour" es más corriente, y entra mejor, y también es recordada como uno de los clásicos de este disco. El estribillo es de lo más pegajoso que hay en este disco, y ya es decir. "Falling in love with myself again" es un tema que adelanta bastante lo que serían los Queen de la etapa de "A night at the Opera", tratándose de una especie de vals interpretado en clave de rock. Si me dicen que Mercury no escuchó esta canción antes de componer su "The millionaire waltz", pues no me lo creo, oigan. "Here in heaven" es mi favorita del disco, a pesar de que en un principio parece menos deslumbrante que las anteriores. La melodía tiene cierto toque oscuro delicioso y está acompañada de un tétrico órgano en un acertadísimo segundo plano. La letra de este tema me encanta, y es que otro punto bueno que tiene este disco es que si bien las letras son bastante intrascendentes, al mismo tiempo son muy ingeniosas. Trasta sobre un Romeo que maldice a su Julieta, pues ambos acordaron suicidarse juntos, pero ella le dijo que fuera él primero, y a última hora se echa atrás. Y como dice la letra, "Aquí en el cielo, estoy sin ti, es un infierno saber que tu salud te mantendrá lejos de aquí por muchos muchos años". Otra que destaca por su letra es "Thank god it's not Christmas", la historia de un hombre que se pasa todo el día dándose a la mala vida, y que odia el día de Navidad pues tiene que quedarse en casa y hacer caso a su mujer en lugar de salir de bares. Ese tema además es muy animado y su música tiene verdadero espíritu Navidad, lo que lo convierte en mi canción rockera navideña favorita, si es que se puede considerar así.

"Hasta mañana, monsieur", aparte de permitirnos oír a Russell pronunciar la ñ de manera bastante divertida, es otro de los puntos altos del disco, a pesar de estar entre lo más corriente del mismo. "Talent is an asset", "Complaints" y "In my family", las tres siguientes, me parecen bastante menos interesantes que las séis anteriores, aunque todos tienen algo que destacar, ya sea el riff de campanitas de la primera, la melodía misteriosa de la segunda o los ridículos a la par que maravillosos agudos de la tercera. Por suerte el cierre de disco es bastante mejor, "Equator". Es un tema algo más relajado que la media del disco, algo lento con aires de música de cabaret. El tema de por sí es muy bueno, pero el final es tan delirante qu hay que oírlo para creerlo. O lo amas o lo odias. Yo, creo que no hace falta decir de que lado estoy. En ediciones recientes se le han añadido dos bonus tracks, además. "Barbecutie", que tiene un riff de bajo brutal, y "Lost and found". Hacen perder algo de impacto a "Equator" como final de disco, pero ciertamente son temas dignos de figurar en el disco desde principio.

Pues más o menos esto es lo que hay. Un disco divertido, extravagante, excesivo y no apto para diabéticos, pero excelente se mire por donde se mire.

sábado, 24 de noviembre de 2007

ELTON JOHN - Goodbye Yellow Brick Road (1973)


Aunque hoy en día Elton John es un músico más bien denostado (reconozcámoslo, en gran parte se lo ha ganado él solito), en los 70 era un excelente artista con una creatividad apabullante. Hasta que llegaron los fatídicos años 80 (de los que, a juzgar por los repertorios de sus conciertos actuales, él mismo tampoco se siente muy orgulloso hoy en día), Elton John era una máquina que no sólo sacaba un disco tras otro, un año sí y otro también, sino que encima era muy bueno.

En 1973 Elton John se encontraba en su mejor momento artística y comercialmente hablando, así que “Goodbye Yellow Brick Road” vino a ser la cumbre de su edad de oro no sólo porque sea (en mi opinión) su gran obra maestra, sino porque es un disco que en sus 76 minutos de duración nos muestra las diversas facetas de nuestro amigo Elton, en cuanto a creatividad es sin duda uno de sus discos más logrados y donde es capaz de hacer coincidir géneros más diversos (rhythm ‘n’ blues, rock sinfónico, hard rock, sus imprescindibles baladas a piano...). Lo mejor de todo es que éste no fue un disco doble “premeditado”, sino que simplemente Elton comenzó a componer canciones hasta que se dió cuenta de que daba para un disco doble (y aún así hubo varios temas que se desecharon) lo cual nos confirma hasta qué punto estaba en estado de gracia por entonces.

El inicio del disco es escalofriante y demoledor: “Funeral For a Friend”, un tema instrumental tétrico y que es de los temas más oscuros que he oído, uno de mis mayores candidatos a tema favorito del disco, inconmesurable. Unida a ésta se encuentra la más rockera y tradicional “Love Lies Bleeding”, un tema rockero muy en su línea combinando el protagonismo de las guitarras con su omnipresente piano.
A ésta le sigue “Candle In The Wind”, seguramente su tema más famoso con una letra de Bernie Taupin dedicada a Marilyn Monroe. Pese a lo quemada que está me sigue gustando mucho la forma como canta el “Goodbye Norma Jean” y su tono tan triste. Cambiando radicalmente de estilo viene “Bennie And The Jets”, un tema muy influenciado por el rhythm ‘n’ blues con un ritmo muy repetitivo y pegadizo. Como muestra de lo detallistas que fueron con la producción, al darse cuenta de que a la canción le faltaba “algo” decidieron añadirle aplausos y voces para crear un falso directo (destacar el pequeño detalle de como las palmas se dan ligeramente fuera de tiempo, ya que el público inglés solía acompañar así las canciones... o al menos eso dicen ellos).
Llega entonces mi otra gran aspirante a tema favorito: “Goodbye Yellow Brick Road”, una balada preciosa donde Elton John demuestra que si bien es obvio que era un pianista excelente (y si alguien no cree que eso sea obvio que se enchufe este disco en vena y que me diga si no es casi un manual de como tocar el piano en un disco de rock), no es tan recordada su enorme capacidad como cantante. En este tema canta de una manera tan absolutamente dramática que algunos llegaron a creer que se había ayudado con truquitos del estudio. Y a destacar por supuesto la letra de ese excelente letrista que es Bernie Taupin, que aquí hace referencia al famoso camino de baldosas amarillas de “El Mago de Oz” para hablar de la decepción que vivió tras alcanzar el éxito que todos soñamos. Maravillosa.

Se podría dedicar párrafos enteros a cada canción pero me temo que me estoy excediendo y no llevo ni la mitad del disco, sin embargo creo que todas merecen alguna mención: la preciosa balada “This Song Has No Title” apoyada sólo en pianos y teclados más su voz (¿para qué más?); la curiosa “Grey Seal”, que es una de las favoritas del mismo Elton John; el experimento de reggae de “Jamaica Jerk Off” que es la que menos me gusta del disco pero que queda en simpática y anecdótica como recuerdo del intento frustrado de grabar el disco en Jamaica; la atmosférica balada “I’ve Seen That Movie Too”, que tiene una ambientación que le da un tono muy especial (y que en estos momentos es la que más me tiene enganchado del disco); la nostálgica e irónica “Sweet Painted Lady” y “The Ballad Of Danny Bailey” con unos maravillosos arreglos orquestales.
Tras este tema llega la parte rockera del disco que se inicia con “Dirty Little Girl”, con su ritmo lento marcado por el piano y la guitarra; a ésta le sigue una de las grandes joyas escondidas del disco, la inconmesurable “All The Girls Love Alice”, canción rockera y muy bailable en la que Elton se queda con nosotros al detener el tema de repente para cantar el precioso estribillo casi a cappella y luego retomarla de nuevo, genial; en “Your Sister Can't Twist (But She Can Rock & Roll)” Elton y su banda ya le dan directamente al acelerador creando un tema muy simpático y pegadizo con unos juegos vocales memorables e imposibles de olvidar y finalmente con la guitarrera “Saturday Night's Alright for Fighting” Elton se desboca y descubrimos qué olvidada está la gran banda que había detrás de el cantante-pianista miope.

Y como colofón final, para mí el momento más emotivo del disco: la tristísima “Roy Rogers” por cuya letra siento debilidad (Roy Rogers era el protagonista de una serie de televisión de vaqueros que acabó siendo olvidada), seguida por el paréntesis cachondo de la irresistible “Social Disease” (excelente combinación bajo-piano, y jamás pensé que diría esta frase) para acabar el disco con otra de sus grandes baladas: “Harmony”, que es un punto final perfecto.

“Goodbye Yellow Brick Road”, uno de los más grandes discos de la historia para el que escribe, es una de esas obras maestras a las que pese a lo largas que son, pese a que tengan algun momento que no te agrade tanto como el resto, no le quitarías nada. Porque lo que representa globalmente está por encima de eso: un grandísimo artista dando rienda suelta a todo su potencial. Nosotros, como humildes oyentes, no podemos hacer más que escucharle y disfrutar de su música.

jueves, 1 de noviembre de 2007

ALICE COOPER - Welcome to my nightmare (1975)



Que Alice Cooper fue uno de los mejores grupos de rock americano de la primera mitad de los setenta es algo innegable. Que su disolución fue una gran pérdida es innegable también, principalmente porque tras dos extraños y olvidados primeros discos, llevaban una racha de cinco discos enormes. Pero bueno, pasó lo que pasó, y tras un buenísimo "Muscle of love" en 1973, el grupo se desbandó. Entonces Vincent Fournier, que ya usaba el pseudónimo de Alice Cooper por aquel entonces, a pesar de que a nivel musical no era un miembro más que el grupo, protagonizó una de las estrategias comerciales más extrañas y por otro lado rastreras de la historia del rock. Se cambió su nombre legalmente por el de Alice Cooper para poder continuar sacando discos con ese nombre... a fin de cuentas, Alice Cooper es un nombre de persona totalmente normal (pese a ser femenino) y todo el mundo tiene derecho a publicar obras bajo su nombre así que... ¿quién se lo podía impedir?

No tardó Cooper en reaparecer con "Welcome to my nightmare", su primer disco en solitario. Para ello se rodeó de grandes músicos, siendo los más destacados el grandioso bajista Tony Levin, el productor y teclista Bob Ezrin, con quien ya había colaborado en su etapa grupal y el magnífico guitarrista Dick Wagner, que entre otras cosas había grabado algunas grandes obras con Lou Reed, y que se convertiría en la mano derecha de Cooper durante unos cuantos albumes, coescribiendo muchas grandes canciones, y volviendo para el disco "DaDa" de 1983, uno de los mejores discos de Alice. Musicalmente sigue más o menos la estela de la música que llevaba esos años haciendo. Sonido rockero muy clásico, con alguna melodía más pop, otros toques sinfónicos, teatralidad, mezcla de temas divertidos con otros más tétricos... quizá el sonido del disco es en general algo más ocuro que en anteriores entregas, pero en general no presenta grandes diferencias.

Quizá la inicial "Welcome to my nightmare" sea el sello de identidad de la carrera solista de Cooper, al menos durante el periodo 75-83. La melodía es pegadiza y bastante sencilla, pero la canción no es un claro single, sino que está construída como un mediotiempo óscuro que empieza con unas inquietantes guitarras acústicas y acaba como algo muy recargado, lleno de solos de guitarra e instrumentos de viento. Es un impresionante comiezo, que puede no resultar muy espectacular al principio, pero que resulta siendo muy adictiva. "Devil's food" es un tema más hardrockero, que supone el único bajón del disco. La razón es que empieza muy bien, con un gran y una mejor parte cantada, pero más de la mitad del tema está ocupada por un monólogo del actor Vincent Price. No es que quede algo horrible, pero sí llega a arruinar el potencial del tema, que no era poco. La poderosa "The black widow", con ese riff en el que seguramente Iron Maiden se inspiraron para el tema "Powerslave", es mucho mejor, y muestra un perfecto equilibro entre la faceta teatral y oscura del disco y su lado más rockero. "Some folks" es un tema muy olvidado. Parece sacado de algún musical de Broadway, y es ciertamente divertido, pero no acaba de encajar como uno de los temas oscuros del disco ni como uno de los grandes himnos del mismo. Ciertamente no deja de ser una gran canción, y pese a lo que digo tampoco desentona en el disco, pero siempre me ha dado la sensación de no ser un tema muy aclamado.

El single "Only woman bleed" es la balada clásica de Alice Cooper por excelencia (y si crees que es "Only my heart talkin'" te prohibo seguir leyendo este blog, degenerado). Es siniestra y muy acorde al sonido del disco, pero por otro lado es hermosa e intimista, mostrándonos una faceta de este cantante que apenas conocíamos, y que a partir de ese disco sacaría algo más de partido. El otro single, "Department of youth", es un glam rock a la vieja usanza. Riff sencillote y pegadizo, coros de niños, estribillo de los de estadio cantando... Menos famosa pero no peor es "Cold Ethyl", que directamente es un tema de rock duro, potente y facilón, ya sin el toque pop del anterior, más energético e igualmente fiestero. Con "Years ago" se inicia la parte más siniestra del álbum y quizá de la carrera de Coop. Es una buena introducción a posiblemente el mejor tema del disco, "Steven", una canción realmente infernal, construída sobre un insistente riff de piano y con una histriónica interpretación vocal que recuerda a la que hizo en "Ballad of Dwight Fry" del mítico "Love it to death". No es de extrañar que junto a algunos temas más, interprete estos temas en las últimas giras casi unidos, como si de una miniobra teatral se tratara. La posterior "The awakening" es algo intrascendente tras esta obra maestra, pero la atmósfera siniestra es la mejor conseguida de todo el disco y la forma de cantar es totalmente inquietante. Magistralmente el disco da un giro de 180º hacia el último tema, "Escape", un tema rockero muy sencillo, de esos de riffs de tres acordes, sonido directo y estribillo de esos repetitivos y que tanto se pegan. Este último tema siempre estuvo entre mis favoritos del disco, y es que pese a todos sus desvaríos, sus pretensiones y sus extraños temas, Alice Cooper es, ante todo, un rockero, y temas como este se le dan de miedo.

"Welcome to my nightmare" es una obra maestra, lo mejor que ha grabado Alice en solitario y perfectamente equiparable a discos como "Killer" o "Love it to death". Y la portada mola.