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sábado, 30 de agosto de 2008

THE ALLMAN BROTHERS BAND - Brothers and Sisters (1973)


Perder al líder de un grupo siempre es muy duro, pero más aún si sucede cuando comienzas a catapultar tu carrera. Eso fue lo que les sucedió a los Allman Brothers cuando el guitarrista Duane Allman murió en 1971 en un accidente de moto a la temprana edad de 24 años. Su mitiquísimo directo “At Fillmore East” había sido un éxito de ventas absoluto que había convertido a los Allman Brothers en la banda de rock sureño más grande del momento, pero sin Duane su futuro se encontraba en grave peligro.
Tras acabar de completar el álbum en estudio “Eat a Peach” (el último que contaba con la participación del desaparecido guitarrista) los Allman Brothers se enfrentaron a la tarea de dar forma a su primer disco grabado enteramente sin la presencia de su antiguo compañero. Y salieron airosos del trance creando una auténtica joya llamada “Brothers and Sisters”.

Greg Allman al órgano y, especialmente, Dickey Betts a la guitarra serían los encargados de encauzar a la banda en esta nueva etapa ejerciendo las tareas de composición. Musicalmente, todo el grupo brilla en cada tema del disco y pese a que el magistral trabajo de guitarra de Betts sobresale por encima del resto en más de una ocasión, es justo decir que esta obra es fruto de un trabajo conjunto.
“Brothers and Sisters” es un disco que transmite buen rollo desde esa entrañable portada (que se complementa con una foto desplegable interior en la que se ve a toda la banda junto a esposas, hijos, amigos, perros, etc. posando como si fueran una gran comunidad semihippiosa viviendo en feliz armonía... no importa si eso era cierto o no, va muy acorde con el tipo de música) y que en su contenido se traduce en un agradable sonido sureño con algunos tintes de blues o country en ciertos temas. No sabría explicarlo racionalmente, pero es uno de esos discos con un encanto especial que pone de buen humor al escucharlo. Así mismo, es una obra perfecta para introducirse en el género puesto que siguen sonando a rock sureño pero con unas melodías y temas irresistibles y bastante accesibles, siguen siendo los Allman Brothers pero sin ese sonido de blues-rock tan puro que habían mostrado en su debut o esas largas improvisaciones que había en su famoso directo.

Centrándonos en canciones en concreto, Greg hace tres aportaciones: la inicial “Wasted Words”, “Come and Go Blues” y “Jelly Jelly”. Las dos primeras se basan sobre todo en el juego entre guitarra y teclados (que será en gran parte el sonido que definirá el disco) mientras que “Jelly Jelly” es un intenso blues interpretado con mucho feeling.
Betts nos regala temas como el memorable “Southbound” (que sigue el estilo de los temas de Greg Allman pero con un toque más bluesero y que cuenta con algunos de los mejores segmentos instrumentales del disco) y “Pony Boy”, con un sonido más acústico y country pero dentro de la esencia del disco. Pero lo que destaca sobre todo es “Ramblin’ Man” y “Jessica”, los temas más famosos del disco y en mi opinión muy justamente. “Ramblin’ Man” es el single perfecto de los Allman Brothers, y de hecho fue el tema de más éxito de su carrera. Es una canción que tiene la cualidad de representar el sonido sureño de la banda sonando al mismo tiempo accesible con ese magistral estribillo tan pegadizo y siguiendo un poco las pautas de una canción de rock tradicional dejando la parte instrumental para el final. Por otro lado, “Jessica” es un magistral tema instrumental, mi favorito del grupo. Aquí la banda da rienda suelta a su capacidad de hacer largas jams tomando como base una melodía preciosa sobre la cual van improvisando libremente. Y si alguien dudaba sobre si seguirían en forma en ese sentido sin Duane, no tiene más que darle una escucha a este tema donde suenan todos perfectamente conjuntados y demostrando que en este terreno prácticamente no tenían rival. El momento más maravilloso y especial del disco.

“Brothers and Sisters” acabó siendo su álbum de mayor éxito y la demostración de que podían seguir adelante afrontando la muerte de Duane (a la que se le unió, en mitad de la grabación, la del bajista Berry Oakley). Era la demostración de que pese a que Duane era un músico extraordinario, el resto de la banda eran suficientemente competentes como para poder seguir adelante. Y si además lo demostraron con un disco tan entrañable y de tanta calidad como éste, no cabía duda de que seguían siendo una de las mejores bandas americanas del momento.


lunes, 11 de agosto de 2008

JEFF BECK - Truth (1968)


Hoy toca hablar de uno de los discos más importantes e influyentes de la historia del rock. Y es que, aunque no sea tan conocido como los debuts de Led Zeppelin o Black Sabbath, “Truth” fue una de las obras más decisivas en la creación de lo que sería el germen del heavy metal. Antes que los dos grupos mencionados anteriormente, Jeff Beck ya había comenzado a endurecer su estilo de blues-rock acercándolo cada vez más a lo que se denominaría hard rock. Cabe decir que tanto Zeppelin como Sabbath llevarían eso al extremo, al hard-rock puramente dicho, mientras que Jeff Beck todavía no se atrevía a apartarse demasiado del blues-rock, pero el primer indicio se encuentra aquí.

La carrera de Jeff Beck en solitario comenzó cuando éste decidió abandonar a los Yardbirds. Tras un par de singles, decidió formar The Jeff Beck Group reclutando a unos cuantos músicos desconocidos de formación blues: Micky Waller a la batería, Rod Stewart como cantante y Ron Wood al bajo. No sé que fue de ellos después de romper con Beck. En todo caso la gran estrella del grupo junto a Beck es Rod Stewart, quien ejerce soberbiamente el papel de bluesman cantando con una fuerza e intensidad que pocas veces igualaría a lo largo de su carrera (tal es así que en el segundo disco con esta formación Beck le hace la pelota acreditándole como “Extraordinaire Rod Stewart”).

Sin embargo, el Jeff Beck Group tenían un talón de Aquiles que les repercutiría muy negativamente: una ausencia casi total de composiciones propias. Ello se debía en gran parte a la falta de tiempo para sentarse en un estudio a componer, ya que se pasaban la vida en la carretera dando conciertos y el disco que nos ocupa lo grabaron en tan sólo 2 días. Los únicos temas propios (compuestos por Rod Stewart y Jeff Beck) son la potentísima “Let Me Love You”, que muestra a la perfección ese estilo de blues-rock endurecido dominado por la bestial guitarra de Beck y que incluye un “diálogo” entre Rod y guitarra que luego sería tomado por otros coetáneos como Deep Purple o Led Zeppelin para sus directos; la bluesera “Rock My Plimsoul” y la extensa y atmosférica “Blues De Luxe”, donde el protagonismo recae en un pletórico Rod Stewart y en Nicky Hopkins al piano (que también aparece como invitado en bastantes temas del disco).

Pasando al resto, el disco se abre con un tema de los Yardbirds, “Shapes Of Things” que tocan con un sonido más duro y guitarrero y que a mí personalmente me gusta más que el original. Mi favorita del disco es la oscura “Morning Dew” que cuando llega a su apoteósico clímax me pone los pelos de punta con la guitarra de Beck luciéndose con el wah-wah y Stewart cantando con muchísima energía y entrega.
Pasamos al blues “You Shook Me” del cual su versión más famosa es la que harían Led Zeppelin en su debut unos meses más tarde. Aunque me quedo con la de los Zeppelin, esta versión no se queda corta y tiene el añadido del exquisito piano de Hopkins. Su interpretación del “Ol’ Man River” también es muy remarcable, basándose sobre todo en la atmósfera y cediendo el protagonismo a la voz de Stewart y a Keith Moon como invitado estrella a la percusión. Y es que aunque recurren a muchas versiones cabe reconocerles el mérito de no quedarse en opciones obvias o estancarse en estándares del blues, y como ejemplo de ello tenemos el breve paréntesis que supone el tradicional “Greensleves”, tocado a la guitarra acústica de forma preciosa.

Y para acabar, dos de los momentos más grandes y míticos del disco. El primero es la soberbia “Beck’s Bolero”, inspirada en el Bolero de Ravel y compuesta por Jimmy Page. El tema se grabó en una sesión que tuvo lugar poco después de que Beck dejara los Yardbirds en la que participaron Jimmy Page, John Paul Jones, Nicky Hopkins y Keith Moon. Se basa en un ritmo marcado llevado por las guitarras acompañadas del piano y la batería que repentinamente acaba desembocando en un alarido de Keith Moon tras el cual se convierte en un intenso tema de heavy metal con la batería desbocada (ya conocen al bueno de Keith) y las guitarras de Page y Beck batiéndose en duelo. Descomunal.
El segundo es “I Ain’t Superstitious”, un blues de Howlin Wolf con un riff de guitarra inolvidable y una interpretación de Beck que le permite lucirse por completo. Quizás es el tema del disco con más madera de single.

Y éste es “Truth”, uno de los mejores discos de blues-rock de finales de los 60. Es cierto que la mayoría de temas son versiones pero hay que decir en su favor que las llevan todas a su terreno y las adaptan con mucha libertad, con lo cual no es un simple corta-y-pega sino que es un disco con mucha personalidad donde los cuatro músicos tienen el protagonismo absoluto.
Tras este disco, esta formación del Jeff Beck Group grabarían otro discazo llamado “Beck-Ola” que sigue más o menos las misma directrices que éste. Después del “Beck-Ola” la banda se disolvió (no se llevaban demasiado bien entre ellos), Rod y Ron formaron The Faces y Beck tuvo un accidente automovilístico que le tuvo fuera de escena un buen tiempo. Cuando volvió al mundo del rock fue siguiendo otro camino. Esta obra maestra y “Beck-Ola” son lo único que tenemos de lo que podía haber sido una superbanda potentísima que podía haber dado aún más de sí. Una lástima.

viernes, 8 de agosto de 2008

CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL - Green river (1969)



Creedence Clearwater Revival es algo que escapa a todo entendimiento. Ni su estilo era original, ni rompedor. Ni sus músicos era virtuosos, incluso a veces llegaban a ser toscos. Ni sus melodías eran demasiado originales. Siendo así objetivos, fríos, la verdad es que este grupo no tiene nada. Rock and roll con raíces americanas, así de lo más tipicón. Pero entonces, ¿a qué debe su éxito?¿Por qué es uno de los grupos de rock más queridos a lo largo de distintas generaciones?¿Cómo han conseguido que tantas canciones suyas, concretamente, y no de otros tantos grupos se hayan convertido en clásicos míticos del siglo XX?

Está claro que estas canciones tienen algo, y que cualquier que realmente ame el rock no puede permanecer impasible ante un disco así. La banda sigue perfeccionando el estilo ya mostrado en sus dos primeros discos: rock muy melódico, con fuertes raíces en el folk américano, sonido muy blues, bigotes, camisas de pana y vaqueros raídos. Con esta descripción, uno se ahorraría decir cualquier cosa más sobre el disco, pero como he de dar ejemplo a mis vagos e irresponsables subordinados, me explayaré un poco más.

Si te iniciaste en este grupo con un recopilatorio (como el fantástico "Chronicle"), te toparás luego con que los discos de estudio son bastante cortos y que del recopilatorio seguramente conocerás la mitad de casi cada disco. Sin ir más lejos, yo conocía ya cuatro canciones de éste (y tiene nueve). Estos clásicos son: la inicial "Green river", un tema de rock and roll muy clásico y con un riff muy característico; "Conmotion", que lleva una onda más de blues antiguo, pero acelerado y con sonido rock, y siempre fue de mis favoritos del grupo; "Bad moon rising", posiblemente el tema más famoso del disco, que es la canción más pop y radiable del LP, y posiblemente de la banda; y la preciosa balada "Lodi", con buenísimos licks de blues. Al contrario que en otro discos, como "Bayou Country", donde veo que los temas más míticos destacan por encima del resto, aquí el disco está bastante más equilibrado, y en general es mejor disco.

Hay dos temas de blues rock oscuro y amenazante, como "Tombstone shadow", con un fraseo muy típico del blues, y el más pesado "Sinister purpose", un tema muy bueno e infravalorado. También tenemos otro blues, esta vez más alegre y ligero, llamado "Cross-tie walker", y para el final dejo las dos mejores de estos temas más "ocultos": "Wrote a song for everyone" es una balada lenta que está entre los mejores temas de este tipo de CCR, al menos no me parece peor que "Lodi" (que no es poco), y tiene un estribillo especialmente emocionante. Y el disco termina con una versión del clásico "The night time is the right time" de Ray Charles, no radicalmente distitno al tema original, pero sí con el poderío rockero de Fogerty y los suyos añadido.

"Green river" es un disco tan sencillo y carente de artificio y espectacularidad, que de básico, adquiere la cualidad de que cualquier oyente de rock puede conectar con él, y por eso mismo, es imprescindible en una buena colección.

Ah, y que sean bienvenidos los 60 a The Golden Age of Rock and Roll


sábado, 12 de julio de 2008

CANNED HEAT - Future Blues (1970)



Canned Heat es una banda americana que tuvo su origen en dos auténticos entusiastas del blues como eran Bob Hite (apodado “El Oso”, adivinen por qué) y Alan Wilson, que decidieron pasar de coleccionar álbums de blues a interpretar ellos también esa música. A finales de los 60 consiguieron dar forma a ese proyecto creando un grupo de rock de marcadas influencias blues que destacaba sobre todo por sus potentes directos que incluían extensísimas jams. Su momento de auge vendría con los festivales de Monterey y Woodstock, donde sus actuaciones les harían por fin famosos.

Aunque su hábitat natural era el escenario, Canned Heat también crearon grandes discos de estudio como el fabuloso “Boogie With Canned Heat” o éste que nos ocupa. Su estilo era un boogie austero, donde las referencias a sus raíces blueseras estaban siempre presentes y predominaban solos de guitarra más bien rudos (aunque no por ello descuidados) que en directo se alargaban hasta desembocar en auténticas jams de blues.
Hablar de una formación clásica en el caso de este grupo es algo peliagudo, puesto que fue una banda muy inestable en ese sentido (hoy en día el único miembro de esta época que queda es el entrañable batería Fito de la Parra), pero lo más parecido que tuvieron a eso se encuentra en este disco: Bob Hite como cantante, Alan Wilson como cantante y guitarrista, Harvey Mandel a la guitarra, Larry Taylor al bajo y el ya mentado Fito a la batería. Con esta agrupación consiguieron el éxito y crearon sus temas más legendarios, pero no duraría mucho ya que éste sería el último disco que grabaron con esta formación (Taylor y Mandel se irían con la banda de John Mayall y Alan Wilson fallecería poco después).

“Future Blues” es un disco que sigue el mismo estilo de boogie que sus obras anteriores pero con el pequeño matiz de que en algunos temas se atrevieron con un sonido algo más duro de lo normal acercándoles levemente al hard-rock de la época.
En mi opinión una de las mayores cualidades que encontraremos aquí es que es un disco en que podemos disfrutar del estilo de Canned Heat con ciertos matices diferentes entre temas. No es que sea un disco heterogéneo, pero en “Future Blues” consiguen mostrarnos diferentes enfoques que podían darle a su sonido particular sin salirse nunca de sus pautas personales ni por supuesto de sus intocables influencias blueseras.
Así pues, el tema que abre, “Sugar Bee”, muestra a los Canned Heat orientados hacia el blues-rock tradicional ayudados por unos magníficos solos de armónica. A éste le sigue “Shake It And Break It”, con un sonido más suavizado (que recuerda en estilo a su mítico tema “Goin’ Up The Country”) que retomarán aunque con un tono algo más rockero en el tema homónimo del disco . La versión que hacen a continuación de “That’s All Right Mama” resulta irreconocible si nos basamos en la famosa interpretada por Elvis, ya que ellos optan por desarrollarla de forma más lenta y pesada.
El siguiente tema es uno de mis favoritos, “My Time Ain’t Long” (desafortunado título teniendo en cuenta que su compositor, Alan Wilson, no tardaría en morir) donde las guitarras hacen maravillas. La primera parte del tema recrean un sonido hipnótico y continuo, al cual le sigue al final un inesperado y desbocado solo de guitarra. Siguiendo con la premisa de mostrar todos los matices a los que puede llegar el sonido Canned Heat, en el divertido tema “Scat” hacen un homenaje al jazz con la inclusión de instrumentos de viento a lo “big band”, una mayor presencia del piano, pequeños solos de bajo y batería y, por supuesto, el uso de la técnica vocal mencionada en el título para cantar. Cojonudo.

Pasamos entonces a los mejores temas del disco, empezando por el clásico “Let’s Work Together”, seguramente el tema más mítico de la banda junto “On The Road Again”. Aquí es donde se notan más que nunca los matices hard-rockeros con ese sonido tan endurecido de guitarras. El gran punto fuerte del tema es la melodía vocal absolutamente pegadiza que lo convertía en un hit potencial.
“London Blues” tiene un inicio enigmático que da paso al momento más puramente bluesero de todo el disco. Un blues irresistible y con mucha clase en gran parte gracias a los teclados (tocados por Dr John). Todo un homenaje a los clásicos del género hacia los que tanta devoción sentían.
Y por último, si hemos repasado todas las facetas constituyentes del sonido Canned Heat, el avispado fan habrá notado que falta una muy importante que define al grupo. Nos falta un boogie de esos lleno de improvisaciones y solos de guitarra. El fabuloso “So Sad” es el tema que llena este hueco: un tema extenso donde toda la banda se luce por completo poniendo a prueba su potencial con extensos interludios instrumentales que a algunos se le harán interminables pero que a los fans nos parecen maravillosas. Además al durar sólo 8 minutos (en directo podían estarse así un cuarto de hora fácilmente) sirve como ejemplo resumido de lo que eran sus jams.

Tras este repaso creo que lo único que me queda por decir para acabar la reseña es citar a Bob Hite y decir “And don’t forget to boogie!!”.


domingo, 6 de abril de 2008

PESCADO RABIOSIO - Artaud (1973)



Hay gente que es muy injusta con el rock hispano, y que no le tiembla la voz a la hora de calificarlo como una mala copia del rock anglosajón si se limita a inspirarse en los grandes grupos de fuera. Quiero decir: si unos chavales ingleses decieden montar un grupo de blues rock que no aporta nada especialmente revolucionario, pues no pasa nada, pero si unos españoles hacen lo mismo, no habrá quien los acuse de poca originalidad, y por extensión de ser parte de "el problema" del rock hispano, cuando realmente hacen algo tan (o tan poco) reprochable como los ingleses anteriormente nombrados. Pues la gente que piensa así comete a veces graves errores, puesto que hay rock hispano que a lo mejor se isnpira principalmente en lo de fuera, que ni revoluciona nada ni aporta elementos autóctonos, pero que aún así, tiene personalidad. Tiene identidad, un sonido propio, y entrega algo que ningún otro disco anglosajón puede aportar. "Artaud" es eso mismo, un disco que no inventa nada, y que al mismo tiempo, tiene suficiente identidad propia como para justificar su existencia (como si tener grandes canciones no lo justificara lo suficiente).

Luis Alberto Spinetta es un músico de sobras conocido en Sudamérica, pero no tanto en España, sí que hablaré un poco de él. Es una de las grandes figuras del rock argentino, de hecho podría considerarse que su grupo Almendra, junto a Los Gatos y Manal, fueron los padres del rock argentino. A este grupo le siguió Pescado Rabioso, que grabó dos discos "Desatormentándonos" y "Pescado 2". Tras la separación del grupo, Spinetta llevó a cabo la ilícita decisión de sacar un disco en solitario bajo el aspecto del tercer disco de Pescado Rabioso, rodeado de músicos que no tenían que ver con lo que era el grupo. Por aquel entonces se justificó diciendo que le gustaba mucho el nombre del grupo y que lanzarlo bajo su propio nombre le parecía que no tenía gancho, aunque como se vio más adelante, cambiaría de opinión.

La diferencia con los anteriores discos es notable. Mientras que los anteriores eran blues rock con algún tinte progresivo, esto tiene un estilo totalmente distinto. De nueve temas que componen el disco, cinco están grabados sólo por Spinetta, a la guitarra acústica principalmente, aunque también aparece la eléctrica, en algunos temas de manera contundente y poderosa, y en otros pincelando pequeños matices que quedan de auténtico lujo. Aún así no es un disco de canción de autor, o de serlo, no es un disco de canción de autor al uso. Las melodías son extrañas, surrealistas, de alguna manera tratando de acompañar las letras, y en conjunto siento un homenaje al poeta francés Antonin Artaud. Es esto lo que lo convierte en una experiencia única, al menos dentro del rock. Spinetta, al menos en sus mejores momentos, puede ser acusado de todo menos de ser ordinario, y "Artaud" es la obra donde más se distingue del resto, donde de verdad merece el apelativo de único.

"Todas las hojas son del viento" es la canción que da comienzo a la obra. Empieza de manera súbita, con la voz de Spinetta entrando al mismo tiempo que la primera nota de guitarra, con una melodía brusca en las estrofas y delicada en el estribillo. Esta canción tiene su historia, ligada a Cristina Bustamanete. Cristina es su primer gran amor, a la que dedicó el primer éxito de su carrera, "Muchacha (ojos de papel)" de Almendra, y cantó el "Blues de Cris" tras la ruptura. Ahora parece que Cristina está embarazada de otro hombre, y Spinetta le dedica esta canción, deseándole suerte en la nueva vida que le espera, dándole ánimos para poder emprender la tarea de la maternidad de manera correcta.

En este disco encontramos una canción que seguramente sea LA JOYA de Spinetta, quizá (y sólo quizá) unicamente tras "Los libros de la buena memoria" de Invisible, "Cantata de puentes amarillos". Con apenas poco más que la guitarra acústica y su voz se despliegan ocho imponentes minutos de melodías soberbias que aparecen y desaparecen, como lo que es una de las suites progresivas más extravagantes jamás grabadas. La letra, como es habitual en Spinetta, no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo, es infalible llenando la mente de imágenes sugerentes, oscuras, que se bastan por si mismas para reproducir en la imaginación de cada oyente cual sería el más perfecto videoclip para el tema.

En el aspecto más rockero del disco tenemos otra gran joya llamada "Bajan", el temás más normal del disco y de nuevo una de las composiciones más perfectas de Spinetta, con un estribillo GRANDIOSO y un trabajo de guitarra eléctrica rebosante de clase. También están "Superchería", con muy buenos cambios de ritmos (yo personalmente adoro la parte más rockera, "Siempre soñar, nunca creer, eso es lo que mata tu amor..."), o el oscuro blues "Cementerio club", que remite perfectamente a ese "Pescado 2". El último tema que me gustaría destacar es la psicodélica "A Starosta, el idiota", donde además aparece un piano que suena delicioso y Spinetta canta con muchísima fuerza en algunos momentos.

"Artaud"
es un disco irrepetible. Un mundo aparte en el que zambullirse de cabeza, y perderse en una sencíllez que nunca deja de revelar nuevos detalles. Una prodigiosa creación que parece no haber terminado nunca de entregar todo lo que puede. Posiblemente, y sin demasiados rivales a tener en cuenta, la obra maestra del rock en español.



sábado, 9 de febrero de 2008

HUMBLE PIE - Rock On (1971)


Formados a finales de los 60, Humble Pie están considerados una de las primeras superbandas de la historia del rock. Sus líderes eran los cantantes y guitarristas Steve Marriott (de Small Faces) y Peter Frampton (que más adelante cosecharía una exitosa carrera en solitario). El cuarteto lo cerraban el bajista Greg Ridley y el batería Jerry Shirley. Todos ellos grandes músicos a sus instrumentos y, como es habitual en estos casos, con cierto choque de egos entre líderes.

Después de su segundo disco, el precioso “Town and Country” (donde tiraban por pasajes más acústicos), Marriott comenzó a mosquearse con Frampton e intentó hacerse con las riendas del grupo. El motivo es que Frampton quería tirar hacia sonidos más ligeros mientras que Marriott quería ir por el camino del blues rock con tintes de hard rock. El disco homónimo que sacaron a continuación demostró que quien iba teniendo las de ganar era Marriott. A continuación “Rock On” lo confirmó.

En “Rock On” Humble Pie tiraron hacia un sonido marcadamente americanizado, dejando bien claras sus raíces blueseras y sacando todo el potencial de estos excelentes músicos. Como detalles a tener en cuenta, cabe decir que aquí los teclados comienzan a cobrar más protagonismo, de vez en cuando se ayudan de coros femeninos e incluso hacen acto de presencia invitados de lujo como el saxofonista Bobby Keys (colaborador habitual de los Rolling Stones, banda con la que por cierto se les comparó mucho y no sin motivo).

El disco abre con “Shine On”, un gran tema de puro rock que desprende vitalidad y optimismo basado sobre todo en su pegadizo estribillo y coros. “Sour Grain” es un tema más apoyado en las guitarras que suena a hard-rock con ciertos dejes blueseros pudiendo recordar a los Rolling Stones de aquella época. A modo de contraste pasamos a toparnos con “79th and Sunset”, donde la clave es ese excelente piano típico de music-hall que lleva todo el peso de la canción.

Y aquí llegamos a la que es mi parte predilecta con mis tres temas favoritos seguidos. El primero de ellos es “Stone Cold Fever”, uno de los clásicos del disco. La voz de Steve Marriott aquí me recuerda bastante al estilo de Robert Plant y el tema es uno de los mejores ejemplos que conozco de fusión entre hard-rock (con ese riff tan marcado) y blues rock (presente en esa excelente armónica y solo de guitarra). “Rollin’ Stone” es otro momento cumbre, el tema más marcadamente bluesero que toma como base el blues original de Muddy Waters para adaptarlo y repintepretarlo con total libertad a su estilo. La primera parte de la canción es puro blues, suena lenta e intensa con absoluto protagonismo de nuevo de Marriott como cantante (además de gran guitarrista tenía un timbre de voz ideal para estos temas) y la armónica dejándose caer de vez en cuando. Pero de repente, tras un gran solo de guitarra el tema parece desbocarse y acaba convirtiéndose en un temazo de rock casi capitaneado por la batería de Jerry Shirley, que aquí tiene uno de sus mejores momentos.
“A Song for Jenny” es un tema acústico que sirve para demostrar que es falsa la impresión que debían tener muchos sobre que Frampton se encargaba de la faceta más acústica y Marriott de la más rockera. Esta preciosa balada supone el paréntesis emotivo del disco después de descargar tanta adrenalina. El momento en que se incorporan los coros femeninos es sencillamente arrebatador, casi celestial.

En la recta final nos encontramos con el medio tiempo de Frampton “The Light”, la cachonda “Big George” (única contribución en solitario del bajista del grupo), la curiosa “Red Neck Jump” (un tema pianístico muy años 30) y, sobre todo, “Strange Days”. Ésta última en concreto es sin dudarlo una de las canciones más destacadas del disco que se desmarca ligeramente del resto. Empieza con un toque de piano muy jazzístico acompañado excelentemente por una elegante guitarra y acaba desembocando en un tema más bluesero que consigue crear una extraordinaria e intensa atmósfera apoyada firmemente de nuevo en la voz de Marriott.

Tras este disco y la grabación de su famoso directo en el Fillmore, Peter Frampton abandonaría el grupo al estar disconforme con la orientación musical que estaban llevando. La verdad es que oyendo los grandes temas que aporta en este disco, lo genial que suenan las guitarras de él y Marriott y, en general, la gran compenetración que hay entre los cuatro miembros del grupo (al menos musicalmente hablando), cuesta de entender que no le gustara este sonido.
Un disco a reivindicar que desprende calidad, estilo y feeling de los que ya prácticamente no se hacen.

domingo, 13 de enero de 2008

RORY GALLAGHER - Irish tour (1974)



Hay cosas que no me explico para nada. Una de ellas es haber tenido por más de tres años este disco y haberle hecho tan poco caso, y no haberme puesto a escucharlo en serio hasta el momento que alguien me dijo que le gustaría verlo reseñado en este blog. Por tanto, me decidí a escucharlo unas cuantas veces para ver si lo consideraba digno de mis elogios, y a la primera escucha tuve que rendirme a él.

Rory Gallagher era un guitarrista y cantante irlandés, que había militado en el grupo Taste y, disuelto este, inició una fructífera carrera en solitario. Me resulta algo dificil comentar este directo sin haber escuchado todavía ninguno de los temas en estudio, así que tendré que tirar de cosas que he leído sobre él. Se dice que en directo era muy dado a improvisar en los temas, que dos interpretaciones del mismo tema nunca eran iguales. Pues nadie lo diría. Este tipo era un maestro de la guitarra blues hasta el punto de que cada segundo de estas canciones parece una fria y calculada reproducción de un planeadísimo solo registrado en estudio. El domino de Rory sobre su guitarra es totalmente impresionante, casi incomparable. Además canta bastante bien, sin ser un prodigio vocal, acompaña muy bien a su música.

Otro punto muy importante a la hora de valorar un disco en directo es el sonido, y aquí es algo inmejorable. La guitarra suena clara, cristalina, se distingue hasta el más mínimo ruidito y hasta la más corta nota de los solos, pero al mismo tiempo es dura, rockera y agresiva. La batería suena potente, y el bajo está bien marcado. El teclado es además maravilloso, con su ardiente sonido de Hammond. Incluso el público está a un volumen ideal, lo que hace que en momentos puntuales quede muy bien oírles acompañar dando palmas.

Las canciones aquí no son demasiado originales, y muchas veces la gracia está en la potencia y feeling que le echan Rory y su banda, que por cierto, es fantástica. Me atrevería a decir que lo mejor del disco está colocado al inicio. "Cradle rock" es un festival de rock en si misma, un tema poderosísimo que tiene cierto gusto a Deep Purple gracias al toque de órgano. El riff de esta canción podría estar perfectamente en una lista de los mejores de la historia del rock. "I wonder who" es un brutal blues lento donde Rory de muestra una sensiblidad blues que pocas veces he escuchado. Y mi favorita del disco, "Tatoo'd lady", tiene que se aleja algo más que el resto de los patrones blues, mostrando un formato más pop y con melodías más elaboradas. Eso no quita que no lleve el sello de Rory y los maravillosos solos de guitarra (y también de piano eléctrico) terminan de redondear algo inolvidable.

El resto del disco está lleno de momentos brillantes pero en general no tanto como este brutal inicio. "As the crow flies" es un tema que toca Rory solo, con guitarra acústica, armónica y voz. También tenemos cosas como "Too much alcohol", que siendo el enésimo mediotiempo blues sin nada de originalidad, se las apaña para que lo adoremos por su propia identidad, lo que demuestra indudablemente que Rory era algo mágico. En general en todoe el resto del disco podemos encontrar cosas increíbles que dada la homogeneidad del estilo, se me hacen algo absurdas de comentar detalladamente. Será más productivo si veis el video.

viernes, 23 de noviembre de 2007

TEN YEARS AFTER - Cricklewood green (1970)



Siempre es un placer escribir sobre Ten Years After porque son grandísimos. Aún mayor placer escribir sobre un disco que muy probablemente hubiera acabado reseñando Travis, porque soy una mala persona. Así, rápidamente hablando, Ten Years After son un grupo de blues rock capitaneado por Alvin Lee a la guitarra y voz que tuvo su momento de gloria al aparecer en la película de Woodstock tocando su gran tema "I'm going home". Este es su cuarto disco de estudio. Alvin Lee es genial en sus dos facetas en la banda. Leo Lyons es un excelente bajista, Ric Lee (no familia de Alvin) es un excelente batería, y Chick Curchill, en segundo plano, es muy buen teclista. Ya está. Hablemos del disco.

Su anterior disco, "Ssssh.", igualmente excelente, tenía un sonido a blues endurecido más clásico, mientras que este disco suena rockero, mucho más metido en los setenta. Mantiene la esencia blues, pero los horizontes musicales del grupo parecen expandirse. Así tenemos una balada, un tema de blues acústico, hard rock, jazz... una mezcla que pasada por el filtro de Lee y los suyos es imposible que falle. La razón por la que este disco no suele ser nombrado entre los grandes esenciales del rock clásico, es algo que no entiendo, y es que a pesar de tener una famosísima canción que seguro habrás oído alguna vez, debería ser una obra bastante más conocida y valorada. Dicha famosa canción es "Love like a man", un pelotazo de hard blues que tiene todos los ingredientes para ser un clásico. Empezando por el sensual riff principal, de los mejores y más míticos de la historia, seguido por la parte de los solos y por cualquier cosa que haya en el tema. La voz de Alvin es perfecta para un tema así, pues suena todo lo chulesca y arrogante (y rockera, por descontado) que se puede ser.

"Love like a man" es suficiente para justificar la existencia y compra del disco, pero por suerte no destaca tanto entre el resto. Mismamente "50000 miles beneath my brain", en su simple estructura de tema que empieza tranquilito y deriva en una sangrienta jam bluesera, es igual de bueno. Tenemos temas más cortos y comerciales, como "Sugar the road" que inicia el disco y aunque es el menos bueno del disco, es muy buena y tiene un acompañamiento de órgano Hammond de lo más cool, y "Working on the road", cuyo estribillo es sublime.

Ya en una onda algo distinta, podemos encontrar "Year 3,000 blues", el anteriormente mencionado blues acústico, con un sonido mucho más clásico, siendo un claro homenaje a esos negros del Mississippi que cantaban sobre amores perdidos, que muchos rockeros se permiten ignorar y ningunear pero que sin ellos un grupo como Ten Years After no sería posible. "Me & my baby" está cantada como un blues, pero instrumental tiene mucho de jazz. No hay más que oír ese fantástico solo de piano, el mejor momento de Churchill en este disco. "Circles" es la balada del disco. Está mejor conseguida y tiene mejor melodía que "If you should love", la balada de "Ssssh." aunque es menos intensa. En cambio, el aire intimista de este tema la hace más delicada y emotiva. Y acabo con la última del disco pero no por ello peor, "As the sun still burns away", una canción lenta y oscura, que suena a Ten Years After pero podría haber sido perfectamente compuesta por Black Sabbath.

Pese a que es una frase ya muy tópica, Ten Years After merecen ser revindicados. Si no te gusta este disco eres una mala persona.

domingo, 28 de octubre de 2007

TAPIMAN - Tapiman (1972)



Una estrella fugaz es algo indudablemente bello. Es algo que puede pasar desapercibido para muchos, qué sólo podrán disfrutar aquellos que se encuentren mirando al lugar adecuado en el momento preciso, puesto que además dura poco, dejando después un leve sentimiento de privilegio por haber podido contemplar algo así. Si nos ceñimos a esta terrible descripción, podria decirse que Tapiman fueron una estrella fugaz. Duraron poco y vendieron menos, pero deleitaron a todo aquel que se cruzó en su camino.

Pero... ¿quiénes fueron Tapiman? Fue un grupo fundado en Barcelona a principios de los 70 por el ex-Máquina! José M. Vilaseca apodado Tapi a la batería y Miguel Ángel Núñez (M.A.N.), ex-Vértice, a la guitarra. Al bajo se une el también ex-Vértice Pepe Fernández. Esta formación publica un single que contiene los temas "Hey you" y "Sugar stone", tras lo cual Núñez debe abandonar el grupo para hacer el servicio militar. De nuevo se acude a un ex-Vértice, Max Sunyer, que más adelante se haría popular con el grupo Iceberg, para que le sustituya. Tras un nuevo single, llegó por fin un LP, titulado al igual que el grupo.

"Tapiman" es simplemente un pelotazo de blues rock. La batería y el bajo están muy bien. Las voces de Fernández y Tapi son rudas y pronuncian el inglés muy mal, pero se llevan bien con el estilo musical, muy sucio y agresivo. Lo realmente importante es la guitarra de Sunyer. El sonido que le saca, su estilo al tocar, sus solos... aunque no hubiera un mísero riff decente o una buena melodía en todo el disco, valdría la pena escuchar el disco por oír tamaño trabajo de guitarra. Sonará exagerado, pero lo cuento entre los mejores de guitarra en un disco de blues rock. Por otra parte, no sólo de pirotecnia guitarrera se sustenta este disco, pues las composiciones son más que competentes, buenísimas en muchos casos. Otro punto a favor es que el disco es variado, sin salirse del estilo. Hay temas agresivos y directos apenas basados en un par de riffs, otros son instrumentales y atmosféricos, casi psicodélicos e incluso hay algún cambio de ritmo cercano al rock progresivo.

Hay una canción que destaco siempre que hablo de este disco, "Gosseberry Park". No desentona dentro del sonido del disco, pero aún así es un tema mucho más pop. Hay además un piano acompañando al tema de manera exquisita. El resultado es una canción muy elegante, pegadiza y radiable, que no traiciona la orientación blues del disco. La mejor canción del disco. Con permiso de "Don't ask why", que le sigue en el disco. Es un portentoso blues progresivo que nunca sabes como va a continuar, pero que no se torna excesivo ni indigerible. Aquí es donde mejor suena la guitarra, en concreto el final es apoteósico. Fue la primera canción que escuché de este disco, llegó a mí de manera absolutamente casual y enseguida supe que quería conseguir el disco entero. Algo por debajo están el resto de temas, pero igualmente todos son maravillosos. "Paris" es una preciosa instrumental muy melancólica acompañada por un órgano hammond (que instrumento tan maravilloso) donde la guitarra de Sunyer, literalmente y citando a George Harrison, gentilmente llora. Otra instrumental es "Moonbeam" cuya base rítmica me recuerda al rock andaluz de esa época. "Jenny" es la balada del disco, que en lugar de caer en la predecible cursilería, tiene una atmósfera oscura y psicodélica impresionante. Por último destacaré "Driving shadow (Pepe's song)", la canción más compleja y larga del disco, alternando entre partes brutales de poderoso hard rock, psicodelia, un solo de batería y los inevitables solos de guitarra marca de la casa. Una brutal canción de las que ya no se hacen.

Esos fueron los más destacables... podría destacar el resto también, pero ¿qué diría? Excelentes riffs, impresionantes solos, estrofas y estribillos con gancho, excelente base rítmica... nah, sería redundante. ¿Qué me estoy excediendo en elogios? Bueno, que cada cual piense lo que quiera. Yo a este disco no le encuentro ningún fallo. ¿Que podría tener mejor producción? Puede, pero está ya es muy digna y además, va muy bien con este estilo musical. ¿Que no es nada original? Bueno, no sé quién es capaz de pararse a pensar en eso ante semejante colección de temazos. ¿Que sería mejor con un cantante que tuviera las capacidades de Robert Plant y una pronunciación perfecta del inglés? Pues sí, para qué negarlo.

domingo, 14 de octubre de 2007

LEÑO - Leño (1979)



Quien más quien menos en España sabe quién es Rosendo Mercado. Cantautor del rock urbano, que tocaba con los Leño. Que formó parte de Ñu en sus inicios. Que no tiene una gran voz, que hace canciones sencillitas que gustan a los adolescentes rebeldes y en muchas ocasiones a sus padres. A mi, personalmente, me gusta. Me parece un compositor elegante, con personalidad, y su guitarra tiene un regusto a blues que es santo de mi devoción. Leño también me gustan, y también son muy reconocidos, principalmente por sus discos de los 80. No es de extrañar, pues aquellos himnos guitarreros, llenos de gancho, consiguieron marcar a toda una generación de jóvenes. Un estilo más o menos similar fue el que marcó la carrera en solitario de Rosendo. No es de extrañar entonces que este disco esté tan olvidado.

"Leño" es un disco de puro hard blues, oscuro, con un sonido grueso, muchos solos de guitarra, bajo bien marcado y voz macarra. Un disco que suena a underground por los cuatro costados. Si bien los discos posteriores pueden gustar a cualquier persona con ganas de caña guitarrera, este parece estar más destinado a gente que realmente ame el rock, que sea capaz de sentarse a escuchar con detenimiento una obra y extraer detalles a cada escucha.

Nada como escuchar la primera canción para comprobarlo: "Castigo". Es sin duda la mejor canción de Leño. Diez minutazos épicos, plagados de solos del mejor blues, potentísimos, con apenas un par de estrofas en toda la canción. Parece que Rosendo quería demostrar que había escuchado a Ten Years After, o que acababan de quitarle una escayola de la mano y tenía urgencia por tocar la mejor interpretación de su vida. Sería injusto olvidar la gran labor de Chiqui Mariscal al bajo y Ramiro Penas a la batería, pero es que la estrella del disco es Rosendo y su guitarra. Pero ellos dos también hacen una labor sobresaliente, apreciable en parte gracias a que la producción favorece que se aprecie perfectamente el bajo de Mariscal... lo que el blues rock debería ser, vamos.

Hay otros cuatro temas más cortos que tienen un sonido similar a "Castigo", pero son más cortos y menos instrumentales. "El oportunista" es una crítica a aquellos que dicen no seguir la moda pero en realidad se limitan a seguir una moda menos masiva. Es una canción muy marchosa con un brutal riff principal en el que guitarra y bajo se baten en duelo. "El tren" es una canción que existe desde los primeros tiempos de Ñu coescrita por José Carlos Molina y Rosendo, y que ha sido grabada por ambos grupos. El tema es más pausado, con un riff muy bluesero pero al mismo tiempo muy carismático y perfectamente identificable. Parece hablar del consumo de drogas, reseñando en todo momento que si se toman, hay que tener cuidado:

El tren
sube a mi tren azul
su dulce chimenea te puede dar
algo que hace tiempo buscas tú
si controlas tu viaje serás feliz.
El tren
un día yo quise viajar en él
subí despacio y me acomodé
vi rostros deshechos de satisfacción
si controlas tu viaje serás feliz.


"Estre Madrid" es más oscuro, lo que queda bien para acompañar a la letra, crítica y afilada, contra la situación de la capital española en el momento.

Tu aquí y yo aquí
seguimos unidos
vivimos todo por igual.
Bebemos, fumamos y nos colocamos
tenemos plena libertad.

En Atocha encontrarás
aire limpio sin igual.

Es una mierda este Madrid
que ni las ratas pueden vivir.

La última de estas cuatro canciones es "Sodoma y chabola", que tiene un riff que suena muy Motörhead. El título deja claro que nos encontramos ante otra crítica social, otro amargo blues sobre el mundo que nos rodea.

Entre estos cuatro temazos encontramos la canción más extraña del disco, "La nana", algo cercana al rock sinfónico. Una canción sin letra, épica, preciosa, con partes dulcísimas en las que Rosendo tararea con una voz que nunca volvería a utilizar y, de nuevo, potentes partes de blues rock. Con deliciosos teclados que le dan un aire psicodélico. Parece mentira que los autores del resto de temas del disco hayan sido capaces de hacer algo así, y sólo queda preguntarse por que no se atrevieron a explorar más esta senda.

Como final, "Se acabó", una piecita de guitarra acústica que me encanta, me emociona, y me da la sensación de ser un cierre perfecto para el disco.

Tras esto vinieron dos discos de estudio, "Más madera" (1981), que tiene algunos temas simpáticos, pero está lleno de teclados abominables y desfasados, y "¡Corre, corre!" (1982), una mezcla entre el sonido crudo (aunque no tanto) del debut y el formato de temas cortos del segundo, que resulta en un disco muy bueno. Pero como este disco, nada.

A lo mejor conocéis los grandes hits de Leño y no os dicen nada, ni os gusta Rosendo. Pero este disco fue, simplemente, otra cosa, y estas torpes palabras aspiran a haberlo dejado claro. Y si Leño en general os gustan, escuchaos sin falta "Vivo '83", lanzado el pasado 2006, mucho mejor que aquel chapucero directo de 1981.