Durante buena parte del siglo XX, Sudáfrica fue un país elevado a la categoría de paria en la política internacional, debido a su política de segregación racial. Vale, que aquello estaba mal, pero no era razón para satanizar a todos y cada uno de los sudafricanos blancos. Pero no pensaba así buena parte de la sociedad británica de principios de los setenta, por lo visto. Así pues, cuando esta banda emigró desde el sur del continente africano al Reino Unido, se encontró gran rechazo a su paso, y los únicos conciertos que podián dar eran prácticamente clandestinos. Sumémosle a ello que Freedom's Children no eran precisamente lo que la conservadora sociedad sudafricana de la época buscaba, siendo incluso vetados de las radios. El resultado es que este grupo se vio en tierra de nadie, sin poder llegar a buen puerto.
"Galactic vibes" es el tercer disco de Freedom's Children, y bien podría haber elegido para esta revisión cualquiera de sus otros dos discos, "Battle hymn of the broken hearted horde" (1968) o "Astra" (1970), pero me decidí al final por este por una simple razón: es el único de los tres que he escuchado.
Mayormente, este disco es una importante dosis de rock psicodélico garajero y muy bruto, con distorsión a saco. Poderoso rock duro bluesero pasado por un filtro abrasaoídos. En algunos temas, es la fórmula menos original del mundo, pero en mi opinión, talento les sobra, y se materializa esto en unos temas muy buenos. Siete canciones, todas ellas originales del grupo, seis temas nuevos y uno de ellos una versión en directo de un tema de "Astra".
La tónica general del disco es la ya mencionada, de hard rock ácido, como muestra el primer tema "Sea horse". Esto incluye al tema en directo, "The homecoming". Aquí es donde yo pongo una pega, puesto que la canción es muy buena, pero incluye un larguísimo solo de batería, que vale, es bueno, pero tampoco es una cosa alucinante, y el hecho de que la claven en el segundo lugar del disco me parece cuanto menos, desafortunado. Se nota claramente que es un intento por rellenar minutaje. Tampoco es que me queje amárgamente, pero es algo que resta fluidez al disco.
Por otra parte, tenemos dos canciones en una onda más light, dando más importancia a los teclados, que suena incluso sinfónico. El primero de ellos, "Fields and me", es un tema bucólico, con una onda muy folk, muy sesentero. El otro es el que cierra el disco, "About the dove and his king" es más oscura, e incluye toques orientales, al estilo de algunos temas de Aphrodite's Child.
A mitad de camino entre ambas está la mejor canción del disco "1999", un tema pop, que incluso suena a crooner, pero interpretado con mucha distorsión y ácido a espuertas, cantado a medio camino entre lo convincente y lo paródico. Una pequeña joya oculta del rock psicodélico.
No digo que "Galactic vibes" sea una obra maestra, pero es un ejercicio de género de lo más interesante, y que yo personalmente, escucho con muchísimo agrado cuando me apetece revisitar la mejor época del rock.
Estaba cantado que en algún momento tocaría hablar de este disco, estaba claro desde el momento en que se creó el blog. Mott The Hoople era un grupo que no me llamaba demasiado la atención. Tenía el disco "All the young dudes" y la verdad es que estaba muy bien, pero no me mataba. Vale, estaba la propia "All the young dudes", que es un clásico inmortal, pero no sé, le faltaba algo. Eso me llevó a desinteresarme por el grupo durante mucho tiempo... hasta que decidí hacerme con este disco.
El principal problema es que aquel disco de estudio con el que me hice me sonaba algo apagado, falto de energía. Pues bien, este disco pone remedio automáticamente a ello: este directo es potente rock en estado puro. Sin olvidar que Mott The Hoople fueron ante todo un grupo de glam rock: ahí están las melodías poppies, los coros armoniosos y las esperpénticas pintas. Como no conozco más discos de esta gente que los dos que he mencionado, no podría decir si la selección de temas me parece ideal... pero en general diré que todos los temas me parecen como mínimo muy buenos, por lo que el ritmo no decae en ningún momento.
Comienza de manera extraña y al mismo tiempo, con uno de mis comienzos de disco favoritos. Tras la intro con el tema "Jupiter" de "Los planetas" de Holst, empieza a escucharse un piano. Entonces, sobre él, el carismático cantante Ian Hunter empieza a cantar:
A long, long time ago... I can still remember How that music used to make me smile. And I knew if I had my chance That I could make those people dance And, maybe, they’d be happy for a while.
But february made me shiver With every paper I’d deliver. Bad news on the doorstep; I couldn’t take one more step.
I can’t remember if I cried When I read about his widowed bride, But something touched me deep inside The day the music died.
Esto, para quien no lo reconozca, es la primera estrofa de "American pie", el gran éxito de Don McLean. No olvidemos que estamos en 1974, y la canción es un single de éxito de hace tres años, no el gran clásico que es hoy día, lo que hace de la situación algo aún más extraño. Tras terminar el primer verso, cambia totalmente el ritmo de piano y Ian vocifera: "...the day the music die... OR DIDN'T? Ladies and gentlemen... THE GOLDEN AGE OF ROCK AND ROLL!!!!!". Y la banda completa entra en acción, y la música estalla sin compasión en un rock and roll formidable, en una canción que debería ser considerada entre los más grandes himnos de aquella generación. Simplemente, rock and roll. Directo a la yugular.
Sin dar respiro, la banda continua con el refinado hard rock "Sucker", en una versión que me gusta bastante más que la aparecida en el disco "All the young dudes", seguida por el clásico "Roll away the stone", un tema enérgico con una melodía muy emotiva, que por si fuera poco, empalma al final con un fragmento de "Sweet Jane" de The Velvet Underground. Uno de los mejores momentos del disco, sin duda. Viene entonces la balada "Rest in peace", que sirve a la perfección para que Ian Hunter nos demuestre la extraordinaria calidez de su timbre vocal, arropado por una elegante base instrumental. Los sonidos de teclados en el breve segmento intrumental cerca del final, mágicos. "All the way from Memphis" es otro de los grandes clásicos de Mott The Hoople, y es un tema que da a entender que esta banda pudo influír a Queen en alguna manera (no es de extrañar que fuera por aquellos tiempos el grupo favorito de Freddie Mercury, y que los propios Queen estaban teloneándoles de gira por América). Es un tema duro, con mucha importancia para el piano, que alterna estrofas de gran tensión con estribillos más festivos y pegadizos. "Born late '58" es un tema más crudo, más clásico, con un riff potentísimo, compensación necesaria a los anteriores temas, más recargados. "One of the boys" tiene la particularidad de que su riff principal sería reutilizado por el guitarrista Mick Ralphs, que dejaría el grupo para formar Bad Company, para formar el gran clásico del rock "Can't get enough". Una vez uno supera la sorpresa de encontrarse tan mítico riff ahí, se da cuenta de que "One of the boys" es muy buen tema, sin la vocación clásica de su descendiente, pero muy meritorio por si solo. Viene después otra dramática balada "Hymn for the dudes". Personalmente es uno de los momentos del disco que menos me llaman la atención, a pesar de que esos teclados estén, como en todo momento, impecables, la interpretación vocal sea muy sentida y la canción sea, en definitiva, bastante buena. Por el contrario, "Marionette", es un tema bastante más sorprendente, algo enrevesado e incluso algo teatral, sin perder el sello rockero de la banda, que tiene aquí algunos de sus momentos más duros.
Encaramos ya la recta final del disco, empezando con el medley entre "Drivin' sister", "Crash Street Kids" y "Violence". Aunque es bastante largo, debo decir que no se hace cansino y fluye con mucha naturalidad de un tema a otro. Un medley muy bien hecho. Continúa con la canción más famosa de la banda, "All the young dudes", el mítico tema que David Bowie compuso y les cedió para ver si esa buena banda que no acababa de despuntar conseguía tener un hit. Y sí, efectivamente fue un éxito. "All the young dudes" es un temazo que no hubiera desentonado en "The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars", la más laureada y célebre obra de Bowie de aquellos tiempos. Tiene un bonito riff de guitarra melódico y nada típico, una buena estrofa algo dylaniana y lo más importante, un señor estribillo, hímnico y emotivo, capaz de convertir en un clásico a cualquier canción en la que lo coloquemos. El concierto termina con "Walking with a mountain", potente rock de estilo a lo Chuck Berry adaptado a la época y al sonido del grupo. Y con mucha distorsión. No es de mis canciones favoritas del disco, pero supongo que no queda mal como cierre. A fin de cuenta el riff (ahora sí, calcado de Chuck Berry) mola mucho y el simplísimo estribillo es muy efectivo.
Este disco en directo representa perfectamente una opción a la hora de dar cnciertos. Están los que llenan minutaje con improvisaciones y modificando los temas con respecto a sus versiones originales, y de la misma manera, tenemos discos como este, en los que simplemente encontramos un puñado de canciones interpretadas de manera normal, con esa fuerza y suciedad extra que involuntariamente dan los discos en directo. Y francamente, es maravilloso.
No existe este concierto en vídeo, cosa que sería ideal para colocar aquí abajo ahora. Aún así, no voy a resistirme, pues esta ocasión lo pide a gritos. Sin más dilación...
Ladies and gentlemen...
BONUS TRACK: La edición del 30º aniversario incluye además un CD con otro concierto completo, de la misma gira, que presenta algunas diferencias en la selección de temas y que es tan bueno que podría haber sido perfectamente lanzado en lugar de este.
Hablar de Queen a estas alturas podría parecer que está de más. Pero como yo hago este blog para entretenerme y no para aportar nada trascendente e innovador al mundo, me da igual.
Tonterías aparte, adoro a Queen, es de mis grupos favoritos, y los veo claramente entre los más grandes. La razón principal son sus cinco primeros discos. Cinco discos impresionantes entre los que veo imposible encontrar un solo momento flojo. (Aviso para lectores: me sé esos discos de memoria. Que ahora me listéis todos los momentos que consideráis flojos en esos discos no va a provocar una reacción tal que "Oh, vaya, ¡cómo pude haberlo olvidado!".)
Queen comienzan a ser verdaderamente célebres a partir de su tercer disco "Sheer heart attack", que de hecho es mi disco favorito de todos los tiempos, pero sus dos primeros, injustamente olvidados incluso por la propia banda, son igualmente impresionantes. En esta ocasión hablaré de su debut, el cual es con seguridad uno de los cinco mejores discos de hard rock de los setenta. Es un disco potente, inspirado en grupos como Led Zeppelin o Black Sabbath, pero que al mismo tiempo tiene ya la base de todo lo que serían Queen: sus armonías vocales, sus tintes pomposos, su extraña épica...
Una de las singularidades de este disco son los temas de Freddie Mercury. En los discos posteriores sus temas serían los más extraños, y al mismo tiempo los más ligeros, normalmente, creando la carismática dualidad con los temas rockeros compuestos por Brian May. Pero si uno escucha este disco sin saber nada más del resto de la discografía de Queen, puede pensar perfectamente que Freddie iba camino de convertirse en uno de los mayores iconos del heavy de los setenta. De cinco temas que aporta, tres de ellos están entre lo más duro que ha hecho Queen, y al contrario de lo que sería habitual más adelante, se mantiene más alejado del piano.
El tema que abre el disco, "Keep yourself alive", de May, fue el mayor single del grupo, y un tema muy olvidado, con madera para ser uno de los grandes himnos de Queen. Es un tema rockero y pegadizo que resume muchas de las características de Queen, y que seguramente, de haber salido unos años más tarde, con la banda ya consolidada, hubiera sido un impresionante éxito. Aquí ya podemos apreciar además los famosos efectos de guitarra de May duran el solo, que le valieron para ganarse la acusación de abusar del estudio y no saber reproducir eso en directo, cosa que supo desmentir por méritos propios. "Doing all right" es otro tema de May, única canción de Queen resto de la época en la que estos se llamaban Smile, antes de la entrada de Mercury y Deacon en el grupo. Una maravillosa balada con tremendas partes rockeras.
El primer tema de Mercury, "Great King Rat", es alucinante. Es una canción potentísima, muy épica, donde Mercury la descose cantando, apoyada en un increíble ritmo cabalgante de Roger Taylor (que en este disco posiblemente hace su mejor trabajo de batería, muy muy bueno). Sigue otro de Mercury, "My fairy king", una canción que rompe totalmente la tónica del disco, y no sólo eso, sino que anticipa en lo que se convertiría Queen. Un tema complejo, pomposo, lleno de doblados de voces, falsetes, punteos imposibles de guitarra y el piano de Freddie dirigiendo la canción. Me lo imagino mostrando el tema ante la atónita mirada de sus compañeros, porque la verdad es que no me resulta imaginar un tema anterior que suene parecido a este. Y viene otra canción más de Freddie, la mejor del disco, y seguramente una de las cinco mejores de Queen: "Liar". IMPRESIONANTE. Un tema largo, complejo, rico en matices, donde los cuatro miembros están impecables. El riff es uno de los más memorables de la historia del rock duro, cada melodía vocal de Mercury es impecable, la base rítmica arrasa con todo... es un tema increíble. Resulta doloroso que nunca se recuerde a Queen por su faceta de rock duro, cuando si se lo proponían podían parir temas que cualquier grupo de ese estilo mataría por componer.
May nos ofrece "The night comes down", una adorable balada que alterna momentos algo frenéticos y oscuros (el inicio y el final) con partes muy melosas cantadas dulcemente por Freddie. Un tema que me encanta, de esas canciones que nadie parece recordar nunca que tanto abundan en los primeros discos de Queen. "Modern times rock'n'roll" es un tema compuesto y cantado por Roger Taylor. Siempre se ha dicho que era Taylor el que aportaba el peor tema con diferencia del disco, y no estoy de acuerdo. Aunque aquí es el tema menos interesante, no deja de ser un temazo, corto, frenético, y que aporta variedad al LP. Otra de May, su última aportación al disco, es "Son and daughter", un rock lento y pesado, muy en la onda de Black Sabbath, pero con el sello de Queen en el estribillo: "I want you! To be a woman...". Freddie canta de manera atípica en él, rasgando muy bien la voz, como un verdadero bluesman. "Jesus" es un tema compuesto por Freddie, aunque de cristiano no tenía nada. Una de las composiciones más bizarras del hard rock, con una estrofa poderosa, con riffs cortantes, y un estribillo melódico con maravillosa armonías que se acopla muy bien sobre el mismo ritmo, amén (nunca mejor dicho) de un break instrumental en la parte central donde la banda se lanza a una furiosa jam guitarrera. Cierra con la miniinstrumental "Seven seas of Rhye", que Mercury mejoraría para el siguiente disco, convirtiéndola en el primer hit de Queen, pero que aquí no pasa de ser un cierre simpático de disco, que me recuerda mucho a la intro de "Pinball wizard" de The Who.
La historia de Queen a partir de su segundo disco sería más conocida y por tanto este disco es más interesante de reivindicar. Si bien no son pocos los fans que tienen este "Queen" (no me gusta llamarlo"Queen I"... coje el CD y míralo bien... ¿acaso se llama así?) en alta estima, hay un sector al que este disco debería llegar sin falta. El fan del rock duro y potente que dice no gustarle Queen por lo que ha oído de ellos. Es muy probable que no haya oído este disco en concreto y pueda sorprenderle muchísimo.
Hoy dedicamos reseña a otro de esos grandes grupos de rock españoles que no gozaron de la suerte que merecían, los sevillanos The Storm. No estoy hablando de uno de esos grupos españoles a quienes miramos con cierta benevolencia por haberse formado en un país y una época donde el rock lo tenía difícil, The Storm tenían la calidad y el potencial suficientes como para poder valorarlos junto a otros grupos de rock extranjeros del momento. Como anécdota significativa, decir que cuando telonearon a Queen en Barcelona el 1974 (lo que daría por haber disfrutado de ese pedazo de doble cartel), los ingleses se quedaron tan sorprendidos que fueron a felicitarles personalmente y se dice que hasta Freddie Mercury les propuso llevarles de teloneros en su gira, pero la idea no se materializó.
Como primera aproximación, The Storm siempre han sido comparados con Deep Purple, y no es de extrañar, ambos grupos se mueven en las mismas directrices (hard-rock, tintes sinfónicos, gusto por las improvisaciones y los solos...) y además se sirven mucho del órgano Hammond, quizás el instrumento con el que más se asocia a los Purple. Musicalmente hablando los cuatro miembros del grupo no sólo son muy buenos músicos sino que suenan perfectamente compenetrados, algo que se nota mucho en los temas instrumentales, donde las melodías y cambios de ritmo fluyen de una forma absolutamente natural. En especial no puedo dejar de destacar el maravilloso trabajo de Luis Genil a los teclados y la excelente guitarra de Ángel Ruiz.
La obra que nos ocupa es su debut, el cual grabaron en tan sólo cuatro horas y media prácticamente en directo. Aún así las condiciones en que se grabó no hacen que el resultado final se resienta en absoluto: el disco suena potentísimo, las composiciones son excelentes (en mi opinión ninguna flojea) y los cuatro tienen oportunidad de lucirse musicalmente. A día de hoy es seguramente mi disco español favorito de todos los tiempos y realmente creo que no desentonaría entre otras pequeñas bandas clásicas anglosajonas.
El contenido del disco puede dividirse en temas cantados más rockeros y cortos y temas instrumentales algo más largos (siendo éstos mis predilectos). Y si algo no se le puede achacar es que comienza de una forma brutal, con mis dos temas cantados favoritos. Para empezar nos encontramos con el adictivo “I’ve Gotta Tell Your Mama”, que tiene un estribillo que me encanta y que merecería ser un single de éxito. A éste le sigue “I Am Dust”, y si ya decíamos que la banda recuerda mucho a Deep Purple, aquí directamente parece que se nos ha colado una canción de los británicos porque el estilo Purple es marcadísimo con el protagonismo que cobra el órgano y sobre todo la voz que en ciertos momentos pega unos gritos al puro estilo Ian Gillan. El primero de los instrumentales tiene el rockero nombre de “Un Señor Llamado Fernández de Córdoba”,que hace referencia a su mánager. Es un tema excelente donde ya se meten en terrenos más sinfónicos dominados por la improvisación y guiados por el omnipresente órgano de Luis Genil y con otro magnífico trabajo a la guitarra de Ángel Ruiz. No es uno de esos instrumentales en que la banda se mete en caminos de difícil salida para exhibir piruetas musicales, sino que suenan firmes y muy compenetrados musicalmente siguiéndose en todo momento y sin pisarse. Magnífico. A continuación le siguen tres composiciones que vuelven al estilo rockero más directo: “Woman Mine”, de la cual destaco sobre todo sus pequeños momentos instrumentales dominados de nuevo por el órgano; “It’s Alright”,que recuerda al estilo rockero festivo de “I’ve Gotta Tell Your Mama” y que aquí incluye la novedad de que cantan algunas partes en castellano (aunque la verdad es que las primeras veces que la oí ni me di cuenta); y “I Don’t Know”, que pese a su corta duración cuenta con unos cambios de ritmo y melodía muy conseguidos. El segundo instrumental es el excelente “Crazy Machine”, en el que pasan de unas atmósferas tenebrosas a otras más jazzísticas y rockeras desembocando en un magistral solo de batería. Sin duda el momento cumbre del álbum junto al primer instrumental. Y para acabar, otro instrumental que es el único tema sin órgano tal y como anuncia su título: “Experiencia Sin Órgano”, que compusieron en la misma sesión de grabación de forma espontánea mientras improvisaban. Al estar ausente el órgano aquí se basan mucho más en la guitarra, que es quien conduce la canción con un sonido muy hard-rockero.
The Storm crearon un debut excelente y consiguieron hacerse un nombre en la escena rockera underground de la época pero su carrera quedó truncada en gran parte por algo tan estúpido como que tuvieron que cumplir con el servicio militar. Cuando volvieron grabaron otro disco pero ya no era lo mismo, su momento había pasado y ellos se dieron cuenta. Ya no se les recordaba tanto como antes y de todos modos el panorama musical había cambiado mucho en general.
Sea como sea, siempre nos quedará esta magnífica obra, y es que es impresionante comprobar como había por entonces en España bandas capaces de sonar así y con tanto talento. No dejemos que eso se olvide, “The Storm” demuestra que en España se podía rockear bien.
Hace mucho tiempo me bajé un recopilatorio de Aerosmith. Era doble y abarcaba de manera bastante completa toda su carrera. No estaba mal, pero salvo algún tema, no me convenció gran cosa y me olvidé de él. El hecho de que apenas los oyera durante mucho tiempo después y que las canciones que más escuchaba por ahí fueran cosas como "I don't wanna miss a thing" (que por otro lado tampoco está tan mal) no mejoraba mucho el panorama. Mucho después, no sé a santo de qué, pues había desterrado a Aerosmith sin piedad de mi lista de intereses, me dio por descargar este "Toys in the attic" y la cosa cambió. Me di cuenta de una cosa, y es de que, contra lo que muchos creen, los recopilatorios pueden no ser muy acertados para iniciarse en según que grupos. Un doble CD de canciones que acabarcan varias décadas de carrera nunca será tan convincentes que unos 30 ó 40 minutos de canciones pensadas para ser editadas como un sólo disco, pertenecientes al mismo periodo creativo y con una producción similar. Y desde la primera escucha a este disco me sentí totalmente cómodo con lo que Aerosmith ofrecían.
Aerosmith ha tenido un gran éxito en los 90, y consiguieron calar a toda una generación que se desarrolló musicalmente en toda esa época y considera discos como "Get a grip" (que no he escuchado, así que no opino) clásicos, quizá sea por eso que más de un aficionado al rock añejo desprecia a Aerosmith. Pero la verdad es que antes de todo eso, en sus primeros años, Aerosmith fueron una excelente banda de rock setentero. Con influencias de grandes clásicos, pero con un sonido muy personal que ha soportado el paso del tiempo perfectamente (hay discos de esa misma época de los que disfruto su sonido característico de aquellos años, pero"Toys in the attic" para mí sigue sonado moderno). Y ese sonido personal no es más que una suma de elementos no demasiado original: guitarras hardrockeras, a veces con sonido algo punk, otras veces más blues, combinación de temás de rock clásico con otros de corte más pop... todo rematado con la excelente voz de Steven Tyler, que aquí está en un gran momento y se equipara a algunos de los más grandes del estilo. Es el propio Steven también el que lleva el mayor peso compositivo del grupo, ayudado por el resto del grupo, del que destaca el excelente guitarra solista Joe Perry.
Otra virtud del disco es que es bien variado, pese a la homogeneidad de su sonido. El tema "Toys in the attic" es un temazo con un riff muy punk, o "Round and round" tiene un riff muy oscuro, a lo Black Sabbath. La inevitable balada del disco se encuentra al final, "You see me crying", y tiene el sabor de algunas de las grandes baladas de la época: una genial linea de piano (que me recuerda algo a Elton John), una melodía preciosa cantada increíblemente por Tyler con una genial voz rota, arreglos orquestales bien utilizados y el indiscutible sello rockero que no falta en los otros temas. Una de las menos conocidas del disco y que a mi me encanta es "Uncle salty", canción con innegables raíces blues y una melodía vocal muy pegadiza, especialmente en la parte del "Oooh, it's a sunny day outside my windows".
En dicho recopilatorio que había escuchado había tres temas de este disco, que están entre lo mejor del mismo. "Big ten inch record" es una versión de rock and roll clásico que sin desentonar con el resto del álbum, suena bastante añeja. El tema quizá no sea gran cosa, pero como en muchos temas de este estilo, no es sólo la canción en sí sino la chispa que le saben poner los intérpretes, cosa que en este caso no puede dudarse. "Sweet emotion" es la canción más comercial del disco, de hecho esas voces que dicen el título del disco son directamente pop, aunque también tiene potentes riffs de rock duro. Podría quedar algo fuera de lugar por carecer del toque callejero que tienen algunos otros temas y parecer más enfocada a las radios, pero es lo suficientemente buena como para que no moleste. Esa última canción es seguramente la canción de Aerosmith que has escuchado si sólo has escuchado una, "Walk this way". Aunque seguramente hayas escuchado antes la versión rapera que grabaron Run DMC con Tyler y Perry en los 80. No hay mucho que comentar sobre el tema salvo que tiene uno de los mejor riffs de guitarra jamás grabados (no sorprende que sea tan mítico) y que en general es un temazo.
Si estás familiarizado con el rock de los setenta conocerás seguramente este disco, pero si eres de esos escépticos que no tiene muy buena imagen de Aerosmith y no has oído este disco, no puedes permitirte continuar sin hacerlo.
Tras cuatro discos a cada cual mejor Led Zeppelin se negaban a acomodarse. Y si ya es algo emocionante descubrir a Led Zeppelin algunas décadas después, no quiero imaginar lo que sería ser fan suyo durante aquellos años, descubrirlos disco a disco, cuando cada entrega de su música era una sorpresa. Su primer disco era blues rock endurecido, estilo que evolucionó hacia el hard rock de su segundo disco. En "III" se inclinaron por experimentar, principalmente con sonidos más acústicos, y su cuarta entrega fue su disco más recargado, épico y pretencioso. La principal diferencia es que cada uno de esos cuatro discos tiene una clara identidad definida por si misma, mientras que este "Houses of the holy" es ya algo más difuso, se acerca más al concepto de simple colección de canciones. Si en "III" los experimentos solían seguir una senda más o menos definida, aquí Led Zeppelin se atreven con cualquier cosa que se les ocurra, tanto en estilos como en sonidos. Quizá por eso suena algo desparejo como obra, pero nada grave a lo que uno no pueda acostumbrarse.
"The song remains the same" abre de manera brutal. No deja de ser un tema para el lucimiento de Page, aunque las partes cantadas por Plant son muy buenas. Está infestado de riffs y solos a cada cual mejor, y aunque se aleja algo del sonido de Led Zeppelin se les sigue reconociendo perfectamente. La que ya se desmarca de cualquier cosa que hayan hecho es "The rain song", una balada acústica donde Jones toca el piano y el melotrón. Al principio es algo sosa. La melodía demasiado difusa, y da la sensación de buscar la atmósfera por la atmósfera, relegando la composición a un segundo plano, pero con el tiempo uno puede empezar a captar su impresionante melancolía y carga emotiva, así como la personal interpretación vocal de Plant. Belleza en estado puro. Para terminar el trío de obras maestras que dan comienzo al disco está "Over the hills and far away", un tema duro pero bastante poppie donde de nuevo Page demuestra ser el maestro. Es algo simplemente excelso la manera en la que pasa de la introducción acústica al tema rockero principal.
Desgraciadamente "The crunge" empaña bastante el resultado del disco. Es un experimento funk que no suena mal, pero como composición es bastante vacía y el resultado final, pues francamente es una tontería. Puedo disfrutarla según el día, pero francamente no tiene lugar en un disco como este. "Dancing days" es un tema en una onda más clásica de Led Zeppelin, que no es gran cosa comparado con lo que podemos encontrar en anteriores discos, pero no está nada mal, principalmente gracias al hipnotizante riff. El tema de la discordia es "D'yer mak'er". O quizá no debería decir discordia, porque gran parte de los fans lo odian. A mí por el contrario me encanta, me parece genial. Es, ni más ni menos, un tema reggae. Pero no pasado por el filtro de Led Zeppelin ni nada de eso, es reggae, a secas. A mi no me disgusta nada el reggae, aunque apenas haya escuchado, y me veo capaz de decir que esto es una gran canción en su estilo. Incluso sus detractores suelen coincidir en algo, y es que la batería de Bonham suena brutal, y estoy de acuerdo.
Llega el mejor tema del disco, "No quarter". De dificil catalogación, yo me atrevería de decir que es un tema con reminiscencias del rock sinfónico. El riff es, como solían ser los de Page, maravilloso, pero aquí ya no suena potente, ni agresivo, sino sutil, misterioso, envolvente... Jones con su piano eléctrico da una atmósfera increíble, sobre todo en la parte central del tema, y la forma delicada de cantar de Plant está entre sus mejores momentos como vocalista. Después de "Stairway to heaven" me parece el mejor tema de Led Zeppelin. Para cerrar tenemos "The ocean", muy buen tema, más típico dentro del estilo de la banda y con un bizarro momento en el que los cuatro componentes cantan a capella.
¿Obra maestra? Mmmm, pues no sé. No es tan redondo como los discos anteriores. Pero cuatro temas, que por duración son más de la mitad del disco, son absolutamente magistrales, de lo mejor del rock, y el resto en su mayor parte vale mucho la pena. ¿Qué importa si estrictcamente es una obra maestra o no? Es un disco de imprescindible escucha.
Ser rockero joven en un país donde la cultura rock deja que desear lleva a uno a buscarse la vida. Así, mientras en otros países quizá este disco me sería familiar, al menos de oídas, desde hace tiempo, el tiempo me lo reservo como una pequeña joya por descubrir. Más concretamente no me interesé por Bad Company hasta que se anunció que Paul Rodgers iba a hacer una gira con Queen como cantante, y como fan de Queen me vi obligado a comprar si ese tipo iba a estar a la altura. Al final no pude ir a verles, pero al menos descubrí este disco.
Bad Company surge de la unión de Paul Rodgers y el batería Simon Kirke, ambos de Free, junto con Mick Ralphs de Mott The Hoople a la guitarra y el difunto Boz Burrell, que venía de King Crimson como bajista. Este supergrupo parece tenerlas muy claras desde el principio: rock duro, con altísimo componente blues. Si a esto le sumamos lo competentes que eran los músicos, sus grupos precedentes y lo perfectamente adecuada que es la negrísima voz de Paul, dificil sería que la cosa fallara. Y no falla.
Con una canción como "Can't get enough" lo cierto es que sobran las palabras. No es la mejor del disco, pues este es uno de esos discos tan bien compensados que ningun tema destaca especialmente, pero sí es el más clarísimo single del disco. El riff está reciclado de un viejo tema de Mott The Hoople, "One of the boys" pero... ¿a quién le importa? Es una de esas canciones que, simplemente, tenían que existir tal y como son y que ese riff ya se hubiera escrito antes no debería ser un problema. No es el único recuerdo de Mott The Hoople que encontramos aquí, sino que tenemos también una versión en plan balada de aquel "Ready for love" aparecido en aquel "All the young dudes". Mucho mejor que la original, tiene mejor sonido y la voz de Paul parece nacida para cantar este tema.
La balada de aires soul "Don't let me down" es otro de los momentos cumbres del disco, gracias a una perfecta utilización de coros femeninos que complementan a la voz de Paul, que suena más emotiva que nunca. Y podría seguir, destacando la energía de "Rock steady", la stoniana "Movin' on" y deshacerme en reiterativos elogios. Porque soy incapaz de encontrar un punto malo al disco. El sonido es homogéneo, pero aún así es notable la variedad de un tema a otro. No hay lugar para lo genérico ni lo gris, cada melodía, cada riff tiene identidad propia y cada nota que canta Paul suena con una convicción apabullante. Por no hablar de la canción que da nombre al disco y al grupo. En sus estrofas consigue una brutal atmósfera oscura, por momentos casi psicodélica, y cuando llega el estribillo, es posiblemente el mejor momento del disco, todo un himno y una declaración de intenciones. Sí, alcanza a que la destaque como mejor tema del disco. Otra que sí me gustaría destacar es la última canción, "Seagull". Desentona totalmente con el resto del disco por tratarse de una balada acústica muy simple. La voz de Paul es la que lo llena todo, y suena maravillosamente etérea, incluso espiritual y la melodía en general es tan redonda que no me importaría si todo el disco fuera así. "Bad Company"es un disco sublime de principio a fin. Todo un manual de como rockear con clase, de como sonar contundente y de como impregnar de feeling hasta la última nota. Imprescindible.
Que Alice Cooper fue uno de los mejores grupos de rock americano de la primera mitad de los setenta es algo innegable. Que su disolución fue una gran pérdida es innegable también, principalmente porque tras dos extraños y olvidados primeros discos, llevaban una racha de cinco discos enormes. Pero bueno, pasó lo que pasó, y tras un buenísimo "Muscle of love" en 1973, el grupo se desbandó. Entonces Vincent Fournier, que ya usaba el pseudónimo de Alice Cooper por aquel entonces, a pesar de que a nivel musical no era un miembro más que el grupo, protagonizó una de las estrategias comerciales más extrañas y por otro lado rastreras de la historia del rock. Se cambió su nombre legalmente por el de Alice Cooper para poder continuar sacando discos con ese nombre... a fin de cuentas, Alice Cooper es un nombre de persona totalmente normal (pese a ser femenino) y todo el mundo tiene derecho a publicar obras bajo su nombre así que... ¿quién se lo podía impedir?
No tardó Cooper en reaparecer con "Welcome to my nightmare", su primer disco en solitario. Para ello se rodeó de grandes músicos, siendo los más destacados el grandioso bajista Tony Levin, el productor y teclista Bob Ezrin, con quien ya había colaborado en su etapa grupal y el magnífico guitarrista Dick Wagner, que entre otras cosas había grabado algunas grandes obras con Lou Reed, y que se convertiría en la mano derecha de Cooper durante unos cuantos albumes, coescribiendo muchas grandes canciones, y volviendo para el disco "DaDa" de 1983, uno de los mejores discos de Alice. Musicalmente sigue más o menos la estela de la música que llevaba esos años haciendo. Sonido rockero muy clásico, con alguna melodía más pop, otros toques sinfónicos, teatralidad, mezcla de temas divertidos con otros más tétricos... quizá el sonido del disco es en general algo más ocuro que en anteriores entregas, pero en general no presenta grandes diferencias.
Quizá la inicial "Welcome to my nightmare" sea el sello de identidad de la carrera solista de Cooper, al menos durante el periodo 75-83. La melodía es pegadiza y bastante sencilla, pero la canción no es un claro single, sino que está construída como un mediotiempo óscuro que empieza con unas inquietantes guitarras acústicas y acaba como algo muy recargado, lleno de solos de guitarra e instrumentos de viento. Es un impresionante comiezo, que puede no resultar muy espectacular al principio, pero que resulta siendo muy adictiva. "Devil's food" es un tema más hardrockero, que supone el único bajón del disco. La razón es que empieza muy bien, con un gran y una mejor parte cantada, pero más de la mitad del tema está ocupada por un monólogo del actor Vincent Price. No es que quede algo horrible, pero sí llega a arruinar el potencial del tema, que no era poco. La poderosa "The black widow", con ese riff en el que seguramente Iron Maiden se inspiraron para el tema "Powerslave", es mucho mejor, y muestra un perfecto equilibro entre la faceta teatral y oscura del disco y su lado más rockero. "Some folks" es un tema muy olvidado. Parece sacado de algún musical de Broadway, y es ciertamente divertido, pero no acaba de encajar como uno de los temas oscuros del disco ni como uno de los grandes himnos del mismo. Ciertamente no deja de ser una gran canción, y pese a lo que digo tampoco desentona en el disco, pero siempre me ha dado la sensación de no ser un tema muy aclamado.
El single "Only woman bleed" es la balada clásica de Alice Cooper por excelencia (y si crees que es "Only my heart talkin'" te prohibo seguir leyendo este blog, degenerado). Es siniestra y muy acorde al sonido del disco, pero por otro lado es hermosa e intimista, mostrándonos una faceta de este cantante que apenas conocíamos, y que a partir de ese disco sacaría algo más de partido. El otro single, "Department of youth", es un glam rock a la vieja usanza. Riff sencillote y pegadizo, coros de niños, estribillo de los de estadio cantando... Menos famosa pero no peor es "Cold Ethyl", que directamente es un tema de rock duro, potente y facilón, ya sin el toque pop del anterior, más energético e igualmente fiestero. Con "Years ago" se inicia la parte más siniestra del álbum y quizá de la carrera de Coop. Es una buena introducción a posiblemente el mejor tema del disco, "Steven", una canción realmente infernal, construída sobre un insistente riff de piano y con una histriónica interpretación vocal que recuerda a la que hizo en "Ballad of Dwight Fry" del mítico "Love it to death". No es de extrañar que junto a algunos temas más, interprete estos temas en las últimas giras casi unidos, como si de una miniobra teatral se tratara. La posterior "The awakening" es algo intrascendente tras esta obra maestra, pero la atmósfera siniestra es la mejor conseguida de todo el disco y la forma de cantar es totalmente inquietante. Magistralmente el disco da un giro de 180º hacia el último tema, "Escape", un tema rockero muy sencillo, de esos de riffs de tres acordes, sonido directo y estribillo de esos repetitivos y que tanto se pegan. Este último tema siempre estuvo entre mis favoritos del disco, y es que pese a todos sus desvaríos, sus pretensiones y sus extraños temas, Alice Cooper es, ante todo, un rockero, y temas como este se le dan de miedo.
"Welcome to my nightmare" es una obra maestra, lo mejor que ha grabado Alice en solitario y perfectamente equiparable a discos como "Killer" o "Love it to death". Y la portada mola.
“¿No conocéis a Grand Funk? ¿Las letras descamisadas de Mark Farner? ¿El bajo quebrantahuesos de Mel Schacher? ¿La habilidad a la batería de Don Brewer?” (Homer Simpson)
En España seguramente Grand Funk no sean muy conocidos pero en Estados Unidos a principios de los 70 eran toda una institución que vendía millones de discos y llenaba estadios. Ellos eran una banda que se tomaban el rock como un estilo musical divertido, intenso y sudoroso (sobre todo muy sudoroso) y cuya mejor forma de expresión eran sus famosos directos. Supongo que alguien se preguntará entonces por qué dedico una reseña a un disco de estudio si donde mejor daban a conocer su potencial era sobre el escenario (y, más importante aún, por qué a “E Pluribus Funk” y no a cualquier otro de los que suelen ser más reconocidos como el famoso “We’re an American Band”). La respuesta es muy sencilla: es el único disco suyo que tengo por ahora, pero además es demasiado típico recurrir a criticar el disco mítico de un grupo y resulta más interesante prestar atención a discos supuestamente menores. Y digo “supuestamente” porque a mí “E Pluribus Funk” me parece una maravilla de disco, desconozco si es de los mejores o peores de la banda, sólo sé que a mí al menos me gusta mucho.
Lo que aquí encontraremos es a los Grand Funk haciendo honor a la idea que tiene uno de un power trio: tres excelentes músicos dejándose la piel en sus instrumentos compenetradísimos entre sí, no hay uno de los tres que se destaque especialmente por encima del resto, los Grand Funk son una maquinaria perfecta donde la música se deja fluir libremente. A excepción del último tema, el resto de temas del disco mantienen un sonido y estilo muy similares, de manera que escuchándolos seguidos uno casi podría pensar que está escuchando una mega-improvisación de casi media hora. Aunque la clave son los potentísimos momentos instrumentales (al menos para mí), las melodías vocales no están para nada olvidadas y de hecho toman el protagonismo del tema que abre el disco, “Footstompin’ Music” con un pegadizo estribillo que te pone de buen humor y te mete en ambiente al instante. Uno de los mejores temas del disco es seguramente el que le sigue a continuación, “People Let’s Stop The War”,donde destaca especialmente la guitarra de Mark Farner pero sin llegar a eclipsar al resto. “Upsetter” mantiene el ritmo y el potencial pero ayudado con un pequeño solo de armónica que se agradece mucho. En “I Come Tumblin’” consiguen crear los mejores momentos instrumentales del disco con una batería imparable y continuos cambios de ritmo, una maravilla. Los dos temas eléctricos que abren la cara B, “Save The Land” y “No Lies” no son tan adrenalíticos y directos como los que había en la primera mitad del disco y optan por un estilo más pesado (en el buen sentido) aunque sin perder el ritmo. Pero sin embargo la canción que cierra el disco rompe por completo con el resto, la balada “Loneliness”. La verdad es que es preciosa y el estribillo se hace muy emotivo, pero está tan pomposamente sobreproducida (sobre todo a partir de la segunda mitad) que se llega a hacer cargante y uno no puede evitar pensar como habría quedado sin tantos arreglos orquestales (de hecho el último minuto y medio... ¿qué carajo es eso?). Sin embargo yo me mantengo en que es un muy buen tema, el mejor del disco si no estuviera tan alargado y sobreproducido.
Con este disco se cerró la etapa de trío de Grand Funk Railroad para luego convertirse en un cuarteto con la incorporación de un teclista. Como cierre de esta etapa “E Pluribus Funk” es un excelente ejemplo de rock ‘n’ roll divertido, sudoroso y potente. Y ya sabéis, “si queréis más información sobre los Grand Funk, consultad en la biblioteca”.
Bonita portada, ¿eh? Recien llegaba esta tarde a mi piso estudiantil en la capital zaragozana, me disponía a comentar cierto disco cuando descubrí... que me lo había dejado en Huesca y había traído sólo la caja. Presa del pánico, busqué otra obra que reseñar y esta me pareció una buena candidata. Heart son las hermanas Wilson. El resto del grupo, pues es lo de menos. Ellas son el carisma de Heart, ellas componen la música, y ellas son la pieza sin la cual Heart sería simplemente otra cosa. Ann Wilson canta, mientras que Nancy Wilson se encarga de las guitarras. Esta última, por cierto, fue la encargada de escribir los temas de la banda ficticia Stillwater aparecida en la película Casi Famosos.
"Dreamboat Annie" es el debut de Heart, y ya desde el primer disco su estilo da a entender que las hermanas tenían las cosas muy claras. Por un lado no deja de ser un rejunte de influencias variadas, pero no les falta maestría a la hora de amalgamar dichas influencias creando un sonido personal. Algo que en definitiva, haga que el disco tenga identidad. ¿A qué suena Heart pues? Por un lado tenemos a los grupos de hard rock de los setenta (Led Zeppelin me vienen a la cabeza, entre otros), pero al mismo tiempo dotan a su música de una sensibilidad muy pop, muy dulce, haciendo de esto algo mucho más inofensivo que la música de Page y Plant, pero al mismo tiempo no menos rockera y auténtica. Por si fuera poco, está claro que Ann y Nancy han escuchado a conciencia el folk de Joni Mitchell. Increíblemente, la mezcla funciona, y se desliza de manera natural por nuestros oídos, como si hubiera estado ahí toda la vida.
"Magic man" abre el disco a todo trapo, una canción rockera con riff rudimentario. Es cuando empieza a cantar cuando nos damos cuenta de que estamos ante algo especial. La melodía es misteriosa y al mismo tiempo muy pegadiza, y el estribillo remata el tema como se merece. No es de extrañar que fuera single, y que fuera todo un éxito. Lo que sí me extraña es que "Crazy on you", tercer corte del disco no fuera aún mayor éxito. Se inicia con una leve parte de guitarra folk, que incomprensiblemente deriva en un estallido de hard rock inaudito. El riff aquí no es nada rudimentario, es melódico y sofisticado, y suena tan natural que la primera vez que lo escuchas pareces descubrir que naciste con ese riff en el subconsciente y simplemente, no lo recordabas. La melodía vocal, el trabajo de guitarras, ese ritmo tan dinámico, el ESCALOFRIANTE GRITO "Craaaaaaazy on yooooooooou!" que emite Ann en los estribillos... son tantas cosas en menos de cinco minutos, tantas sensaciones... la mejor canción del disco, sin duda. Hay otros dos temas rockeros: "White lightning & wine" suena inevitablemente intrascendente comparada con las dos primeras, pero es ciertamente una cosa muy pegadiza y divertida. La que merece otra mención especial es "Sing child", la canción más dura del disco, gracias al riff que parece salido de la guitarra de Jimmy Page. Hay un solo de flauta a lo Jethro Tull, por parte de Ann, que sólo me hace preguntarme por qué no hay más partes así en el disco, y también un gran solo del guitarrista Roger Fisher.
Estas cuatro canciones fueron la parte rockera del disco. Intercaladas entre estas, de manera sabia y equilibrada, encontramos otras canciones, a mi juicio algo por debajo. "Soul of the sea" es un tema muy relajante, casi atmosférico, que en el momento adecuado puede ser altamente evocador y emotivo. Mucho mejor es "(Love me like music) I'll be your song", una canción que me recuerda muchísimo al disco "Tapestry" de Carole King, lo cual siempre es bueno. Una canción preciosa, con un estribillo que me pone los pelos de punta cada vez que la oígo. "How deep it goes" es otra balada, firmada esta vez sólo por Ann, donde de nuevo vuelve a usar la flauta, de manera más lírica que la anterior, y vaya, queda muy bien. Dejo deliveradamente para el final la canción que completa el grupo de temas tranquilos. Es la propia "Dreamboat Annie", que no aparece una sino tres veces en todo el disco. Es la segunda canción ("Dreamboat Annie (Fantasy child)"), dura poco más de un minuto y apenas es una viñetita acústica que nos deja ganas de más de esa portentosa melodía. Entonces descubrimos que también es la quinta canción. Y tiene un ritmo más dinámico, y hay bonitos coros acompañándo, y hasta un banjo... pero sólo dura dos minutos, sigue siendo muy poco. Y entonces vemos que el último tema se llama "Dreamboat Annie (Reprise)", y que dura casi cuatro minutos. Y la oímos, y aquí suena ya como una canción hecha y derecha, con piano, y melotrón, y Ann vuelve a sacar la flauta... y la melodía suena más hermosa que nunca... y acaba el disco. Maravilloso. Qué gran idea tuvieron al jugar así con el tema titular del disco, haciendo de su escucha algo más inolvidable.
"Dreamboat Annie" es un disco cuyo sonido se queda un poco en tierra de nadie. Puede que sea demasiado blando para los que busquen buen rock duro, y demasiado rockero para quien busque algo de buen pop. Sí crees que puedes lidiar con ambos estilos practicamente a la vez, es muy probable que este disco te atrape como me pasó a mí.